Florida recupera poco a poco la calma tras sufrir el pasado viernes el envite del huracán Charley , el más destructivo de los últimos veinte años, que dejó en el Estado un saldo de al menos 17 muertos y daños materiales de más de 15.000 millones de dólares. Un día después de que el presidente George W. Bush se desplazara hasta allí para comprobar sobre el terreno la dimensión de la catástrofe, los equipos de emergencia y sanitarios y hasta 2.000 peritos de aseguradoras se pusieron manos a la obra, apoyados por 4.000 miembros de la Guardia Nacional, para intentar devolver la normalidad a la región. Alrededor de un millón de personas seguían sin electricidad al cierre de esta edición, y las autoridades señalaron que podrían tardar hasta dos semanas en restaurar el suministro de energía en toda la zona afectada. Ayer, cientos de camiones con agua potable y comida, cocinas portátiles, mantas y equipos de construcción llegaron desde otros estados vecinos para ayudar a la reconstrucción de la zona. En la localidad de Punta Gorda, la más afectada -padeció vientos de hasta 289 kilómetros por hora-, la población miraba con resignación lo que quedaba de sus casas, mientras una avioneta anunciaba el número de emergencia puesto a disposición por el Gobierno. J.B Hunt, portavoz de la Cruz Roja estadounidense, reflejaba la magnitud de Charley: «Esta ha sido nuestra mayor respuesta desde el 11 de septiembre».