Confesiones de Chenoa

SOCIEDAD

No le gusta la fama. Jamás posará con Bisbal cogiditos de la mano. En el escenario, a morir. Así se interna Chenoa en su minigira por tierras gallegas

20 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?ese a su imagen de loba herida, capaz de poner firme a zarpazos a cualquier listo que se pase de la raya, Chenoa es una tía bastante maja. No le duelen prendas a la hora de bajar de la parra y disculparse por un pírrico retraso de pocos minutos en la presentación de su primer concierto de este verano en Galicia. Tiene bastante más discurso que su maromo, el rey de los rizos, y adopta un aire de mujer consciente, obligada a batirse el cobre en un mundo de machotes, que poco a poco ha mutado el recelo inicial disparado por su carácter, más bien bravo, en un razonable buen rollito. Chenoa, una de las pocas figuras del aquel Operación Triunfo bíblico que no necesita acudir al pluriempleo televisivo o a la gresca rosa para ganarse los cuartos, pisó escenario ayer Gondomar. Hoy lo hará en Ferrol y en unos días se presentará en Arteixo. ¿Qué ofrece que no sepamos? «Yo sola, sin bailarinas, no me gustan, con el repertorio de los dos primeros trabajos, toques de soul, de Aretha Franklin y de las demás damas que nos han enseñado a cantar». A medida que habla de sí misma y de su proyecto musical, Laura Corradini -ése es su nombre real- va abandonando las eses estiradas tipo osssea borjamari con las que comenzó a parlamentar para hablar, sin más. En su conversación salen a relucir, además de la Franklin, Nacha Guevara y Victoria Abril. Está claro por dónde van los tiros. Muy masculina Para empezar, Chenoa dice contar con una parte masculina muy desarrollada. «Cuando te mueves en un entorno que puede ser hostil, eso imprime carácter». Tanto, que en la portada del disco con el que ahora gira, Soy mujer , luce sombrero y traje de hombre. «Me visto de chico, porque tengo que utilizar armas de hombre». Vale, correcto. ¿Qué más hay dentro de Chenoa? Respuesta: una buena memoria. «Me levanto y beso el suelo que piso», dice. Normal, porque esta mujer, a diferencia de alguno de los pinturillas que ha tenido por compañeros, se acuerda de los tiempos de la orquesta pachanga y las comisiones de fiestas. «Yo ya he trabajado en lo que no me gusta y ahora soy una privilegiada. Cuando la gente grita, se me va la olla, no hay dolor. No me voy a rajar, sé perfectamente lo que es trabajar en otras condiciones». De esta forma Chenoa toca el tercer pie de su historia personal, la entrega al trabajo en cuerpo y alma. «En el escenario soy como un miura, allá voy, a torear». «La vida -concluye la cantante antes conocida como Laura- me ha hecho así». Presentado el producto, ya sólo resta dorar la píldora al «maravilloso público gallego», sin llegar a empalagar, y comentar algo sobre el inevitable, el único, el Bisbal. El rey de los rizos Los amantes de la casquería sentimental no tienen demasiado que rascar en esta moza, que se divierte despistando a los periodistas del ramo. Dice que no le gusta la fama, «está ligada a demasiadas cosas negativas», y que prefiere el concepto de popularidad: «Yo soy de pueblo». ¿Y los amoríos con el grammyficado ricitos, terror del hula hoop y el fijador capilar? «No nos veréis juntos, de la mano, diciendo 'somos muy felices'», espeta con retintín. Chenoa presume de ser mujer de palabra. A ver si es verdad.