JUAN P., más conocido como Juan el Facha , abrió los ojos muy despacio. Habían transcurrido cuatro años desde el fatídico accidente que le había postrado en una cama hospitalaria en estado de coma. Su recuperación, inesperada para los médicos, fue celebrada por todos y, poco a poco, Luis fue mejorando. Hasta que alguien le dejó un periódico. Lo primero que le mosqueó fue leer una estadística según la cual había crecido sustancialmente durante el último año la dispensación de marihuana en las farmacias. Se frotó los ojos, pero la noticia seguía allí. Así que, un poco aturdido aún, se decidió a dar una vuelta por el pasillo del hospital. Mientras caminaba escuchó a una joven como le preguntaba a la enfermera: «Creo que me he equivocado de planta ¿Podría decirme donde está tocología? Es que vengo a hacerme un aborto». El espanto que le subía por el cuerpo se le intensificó al escuchar la respuesta de la enfermera: «Siga este pasillo y, cuando pase por la zona de investigación con células madre procedentes de embriones, tuerza a la derecha". Sus peores sospechas iban tomando forma. No podía ser. Si estaba todo tan controlado... Notó como un mareo y se sentó en una silla del pasillo. A su lado, una revista del corazón atrasada. El titular más grande decía: «Jesús Vázquez y su marido nos presentan a su hija». Volvió a leer la palabra «marido» y constató que ponía exactamente eso, «marido» y el chaval que sonreía junto al famoso presentador no dejaba lugar a dudas. Levantó la vista y vio a su médico que le preguntó con una sonrisa: «¿Cómo se encuentra hoy?». No supo qué responder.