Déficit cero

SOCIEDAD

TRAS AÑOS y años de números rojos en su cuenta bancaria, los Rodríguez decidieron dejar de vivir por encima de sus posibilidades y acomodar su economía familiar para que los gastos no superaran a los ingresos. «Vamos a tener déficit cero», dijo papá Rodríguez y convocó una reunión familiar para ver dónde le podían meter mano a las cuentas. Mamá Rodríguez dejó caer que podían dejar las cenas de los viernes con los amigos y darse de baja en el carísimo club de campo. Papá Rodríguez frunció el ceño, meneó la cabeza de un lado a otro y espetó: «No estoy dispuesto a dejar de divertirme, ni a abandonar el club de campo ¿qué van a pensar los amigos? Tenemos una posición social y tenemos que mantenerla». Papá Rodríguez presentó una receta alternativa. Para empezar, los niños irían a un colegio más barato y toda la familia se quedaría sin seguro médico. Total, nunca nos ponemos enfermos, pensó. El programa de recortes se completó con un drástico ahorro en la cesta de la compra -se acabaron los productos frescos y nada de carne ni de pescado- y él dejaría de ir al trabajo por la autopista y usaría la carretera general. Un año después, la cuenta corriente de los Rodríguez quedó saneada. Habían logrado el déficit cero, aunque ahora sus hijos tenían enormes déficits en educación, su mujer enfermó por no hacerse la revisión anual y comer mal y él se mató en una curva mal peraltada. Y eso sí que fue un déficit para su familia, que se quedó con una pensión de risa. Cuando oigo hablar con pavoneo del déficit cero no dejo de pensar en lo mal que están la educación y la sanidad y la porrada de cuartos que vale jugar a la guerra en Irak.