Diane puede con Jack


maneja a Jack Nicholson con bastante dominio, no me digan que no. Ayer se les vio en Berlín para presentar su nueva película, Cuando menos te lo esperas , y aunque él es mejor actor, quedó claro que en glamur (y en inseguridades) ella le da mil vueltas. Tanto que él se hartó de hablar bien de su partenaire: «Es una tipa chiflada e imprevisible como la gente que me gusta a mí. Estoy loco por ella», dijo. Claro que si habló bien de ella, también lo hizo de sí mismo: «Por supuesto estoy orgulloso de mi trasero», recalcó a propósito de una escena en la que se le ve esta comprometida parte. Y añadió: «Estoy muy contento con mi sonrisa. Amo a mi dentista, lástima que ahora se jubile. ¿Sabe usted de un buen dentista?». Por cierto, la película promete, ya que trata de un hombre de 63 años que se enamora de chicas jóvenes pero, tras sufrir un infarto, es atendido por la madre de su novia.Y hablando de novia... más novias. Bueno, la Novia. Además de lo del traje -que a estas alturas del periódico ya sabrán que lo hará Pertegaz - Letizia Ortiz fue noticia por una nueva figura suya. Es la de ninot en las Fallas valencianas y, en honor de la verdad, tengo que decir que los valencianos acertaron más el parecido de la pareja que los del Museo de Cera. Vale que éstos de hoy son caricaturas, pero absolutamente reconocibles. No me resisto a comentarles un pequeño detalle que rezuma maldad y que pone de manifiesto que la retranca es un patrimonio, cuando menos, de toda la costa española: fíjense en el antebrazo izquierdo del marinero Felipe , que se ve unas piernas y un poco de ropa interior con un nombrecito que, seamos sinceros, no rebosa buen gusto (por si no se aprecia, se lo digo yo: Eva ). Fresita, en Salou Hace poco les contaba que Nuria Yánez Fresita no estaría en Salou para los populares carnavales locales, y que en el Ayuntamiento el desconsuelo era general. Pues se arregló todo y ahora la ganadora de Gran Hermano 5 acudirá al desfile conocido como Coso Blanco, el sábado de carnaval. ¡Qué alegría!Ocurrió en el aeropuerto de Atenas, poco antes de la Navidad y debido a los controles para el acceso de metales en la zona de embarque. Cada vez que pasaba una británica de unos cuarenta años sonaba la alarma del detector. ¿Pensaría el agente heleno en un arma camuflada entre la ropa interior? No lo sé, pero tras un minucioso control descubrieron el motivo del pitido: un cinturón de castidad. Como lo oyen. La mujer lo llevaba puesto porque su marido, al que había dejado en las brumosas islas británicas, no se fiaba un pelo de ella. Calculen el choteo que generó la noticia en el aeropuerto, aunque conociendo la fama de celosos de los griegos a lo mejor les dio alguna idea. El que sí se portó fue el piloto del avión a Londres, que aceptó llevar a la casta pasajera «bajo su responsabilidad». ¿Temerían que la señora obligase al piloto a quitarle el candado?

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