23 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

NO hay manera seria de meterle mano al hallazgo de agua en la superficie de Marte. O faltan datos o el enunciado está mal. Pero algo pasa. ¿No habían encontrado el otro día restos de agua en el subsuelo marciano? ¿No había descubierto la sonda Mars Odyssey (EE.?UU.) indicios de líquido en la superficie? ¿Qué supone realmente este descubrimiento? ¿Estamos más cerca de desempolvar los primeros trilobites alienígenas? ¿Son los extraterrestres el eslabón perdido? ¿De dónde sacaron que los marcianos son verdes si su cielo y su tierra son rojos? ¿Entonces serán colorados los de Neptuno, que amanecen bajo una atmósfera verde? ¿Nos desviamos al azul los terrícolas? Lo verdaderamente importante para avanzar en el conocimiento es encontrar la pregunta, y preguntar nos preguntamos muchas cosas, erradas casi todas, de momento es lo que hay. Por ejemplo, ¿por qué se ha puesto de moda la divulgación científica? ¿Porque los investigadores necesitan dinero y en estos tiempos de guerra e hidrocarburos sólo la implicación social los hace fuertes frente a sus patrocinadores? ¿Por qué triunfa Punset? ¿Por qué todo el mundo quiere saber de todo? Saturados de tanta ciencia incomprensible y parca en respuestas, algunos nos quedamos con la otra noticia cósmica del día de ayer. Llegó de Estados Unidos, a diferencia de la del hielo marciano, y bien podría estar precedida del «¡Güigaren!» modelo Sadam: Spirit había aparecido; conmocionado, incapaz de mandar recado e inmóvil, desde hacía dos días, a los pies de Adirondak, la piedra misteriosa de esta nueva odisea espacial.