Vida de okupa

LUIS VENTOSO

SOCIEDAD

VIDAS EJEMPLARES

10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Los sociólogos se rasgan las vestiduras porque los jóvenes se apalancan hasta los 40 en casa de sus padres. Pero en realidad los okupas muestran una gran sensatez. En Galicia, un joven (o una jóvena , como dice Zapatero) que tenga la chiripa de contar con un trabajo suele cobrar unos 900 euros. Supongamos que el chaval se sopla seis copas entre el viernes y el sábado (lo cual, con las cheas infames que se agarra hoy en día la afición supone ser una madre carmelita). Dado que el copazo anda a 6 euros, se le van 144 euros/mes sólo en priva. Si quiere su piso, el alquiler le comerá otros 300 euros: le quedan 456. Con esas 75.000 pelillas, el flamante liberado deberá pagarse el papeo (y cocinarlo), echar gasofa, salir de tapas, comprar condones, ir a las rebaixas de Inditex, y bajar al vídeo-club automático para entretener el resacón del domingo. Es decir: ahorro cero. El salario sólo le llega para pagarse una vida mucho más cutre que la que llevaba con los denostados «viejos». Cierto que tradicionalmente en el hogar paterno había un gravísimo hándicap: la más entretenida de las actividades estaba prohibida y quedaba relegada al coche, o a otras alcobas montaraces. Pero hoy muchos padres son tipos enrollados, que fuman petas, se bañan en bolas en verano y dan batidas por el Orzán (para sonrojo de sus hijos cuando se los encuentran haciendo el indio en un pub). Además, cada vez más familias disponen de una segunda vivienda, sea un chalet o sea un galpón ilegal, una gran creación gallega que resulta igualmente apta a efectos del desfogue de la progenie. La vida está chunga en el paraíso Fraga . Así que, próximo objetivo: conseguir jubilarse en casa de los viejos.