Carreteras secundarias

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

EL ROMPEOLAS

25 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

No puedo evitarlo. Tengo un vicio inconfesable, una enfermedad moral que me empuja hacia el mundo del bus. A Pocholo le gustan las mochilas, a Julián Muñoz las tonadilleras. Bueno. Pues yo moriré con el bonobús entre los dientes. Me ocurre todo el tiempo: me pirro por el bus urbano y los buses interprovinciales me enloquecen. Son otra cosa, son pedazos de otro mundo. Claro, traen recuerdos de Cowboy de Medianoche, de París/ Texas, del Cinturón de Cereales y también del Gran Cañón. Los buses son fragmentos de novelas de Paul Auster. Pero no sólo eso, son también restos casi prehistóricos de folklore hispano, viril, fallero. La prueba de que junto a nuestra realidad coexiste otra paralela, muy poderosa. ¡Ah las estaciones de autobuses! Ese ir y venir de individuos con aspecto delictivo, esas displicentes vendedoras de lotería y souvenires. Esos retretes atestados, pintarrajeados, misteriosos. Y esas cafeterías sucias donde -a las siete de la mañana- uno se encuentra siempre con compañeros de colegio. Ayer en la estación de autobuses de mi ciudad natal (de cuyo nombre no quiero acordarme) me compré un llavero en forma de pezón redondo, muy útil para llevar en el bolsillo. Los viajes en autobús son como viajes astrales en que el territorio no se mueve y uno no avanza, sólo avanza el pensamiento hacia el interior como un gusano. Mientras el pedrisco se abate sobre Palencia, mientras Vicente Del Bosque vocifera y Rafael Simancas cede, mientras la madre de Jesulín de Ubrique se santigua y Paquirrín suspende cinco, mi sobrina recién nacida dormita en el Materno y una gaviota con el pico lleno de pescado observa a mi madre por la ventana de la sala. Antes de llegar a la Estación Sur, a través de la ventanilla de mi Alsa, puede ver una extraña postal de cumpleaños: Ajenos a la circulación, dos marroquíes descansan sobre la hierba de un macizo. Pudieran estar fumando y meditando en un gran bosque. Sobre sus cabezas se inclina un aligustre.