Rojo, negro y mucha muiñeira

La Voz

SOCIEDAD

M. MORALEJO

Ayer Vigo rebosaba sabor a Galicia. Imagínense la escena. En un rápido vistazo a la calle Venezuela lo primero que se apreciaba era el colorido rojo y negro que este domingo sustituyó al aburrido tono asfalto. Más de tres mil gallegos (3.000, que se dice pronto) que ayer celebraron el Día da Muñeira ¡Y menuda fiesta! El amigo Polo, como conoce todo el mundo a Wenceslao Cabezas, puede estar más que satisfecho del éxito de su iniciativa que, 33 años después de su creación, sigue siendo una cita para anotar en la agenda. Un homenaje con trampa ¿Se acuerdan de la estatua de cera de Jennifer López? Un homenaje a la artista hispana envidiable, ¿no? Pues también está siendo un arma de doble filo. Al parecer, desde que plantaron la réplica de la López y su respingón trasero, no hay graciosillo que se resista a la vulgar tentación de fotografiarse tocándole el final de la espalda a la diva. La mayoría opta por colocar una mano en cada nalga y mirar a la cámara con cara de experto calibrador de turgencias. Y parece que ya es otra cita ineludible, de lo más casposo, claro. Desodorante, por favor No es por nada, ni quiero dármelas de persona viajada, pero siempre he defendido que los españoles somos de lo más limpito que hay sobre la tierra. Ni alemanes ni franceses ni italianos, aunque crean que con ducharse en colonia y ponerse gomina todo está solucionado. Se lo digo yo que compartí colegio mayor con nacionalidades varias. La devoción nacional por la eau de toilete es una de las gracias de las que, con más razón, podemos presumir. De hecho, un estudio que se acaba de hacer público asegura que a los españoles nos gusta el agua más que a los patos. El trabajo destaca, además, que somos grandes consumidores de desodorantes. Mejor así. ? Haciendo el amor... Hacer el amor en las nubes. ?Dinio creo que no incluye esta opción en su exitosa canción Haciendo el amor. Lo hace de noche, por la mañana, pero no en un avión en pleno vuelo. Esto es precisamente lo que ofrece un burdel de Santiago de Chile. La madama de Fiorella, como se llama el negocio, asegura que sus chicas llevan a los cielos al cliente, pero en un avión privado, todo acolchado y decorado como un dormitorio de lo más erotizante. Por quinientos dólares tienen derecho a hora y media de vuelo con champán y frutas exóticas incluidas, aunque esto seguro que les preocupa poco a los clientes ¡Uf! tal y cómo está panorama aéreo y por esa cantidad, yo en este caso casi preferiría quedarme en la suite de toda la vida. Página en Internet: