Aunque muchos no lo vean, hay dos guerras en marcha. Una contra Irak y otra contra la guerra. Apenas llevamos unos días de conflicto armado y es imposible saber qué consecuencias tendrán estas semanas en el futuro. Pero mientras los más sesudos analistas especulan sobre el nuevo orden mundial, yo sigo con una cierta sorpresa y mucha complicidad y simpatía el movimiento contra la guerra, que estalla en todo el planeta y dice no. Como muestra hemos escogido a estos activistas que pintan la bandera del arco iris sobre un muro en el puerto de Génova. Siete colores contra la guerra entre un clamor planetario que no va a ser escuchado pero que pervivirá como una de las más importantes consecuencias de esta locura. « No a la guerra y Nunca Máis son los gritos más nobles que he usado en mis 62 años». Otra voz más que ha sonado en mi correo por parte de un lector. Tal vez tengan que pasar todas estas cosas para que la sociedad global emita también un grito global en busca de paz y de justicia. Para que cada vez seamos más los que salgamos del armario de la desidia y de la complacencia para reclamar un espacio para la razón. Mientras Bush se enfada porque la BBC transmitió su imagen cuando se peinaba antes de comunicar en directo a la nación la invasión de Irak, el mundo espera todavía una buena razón para no salir a la calle bajo el manto del arco iris a pedir paz. Puede que esta guerra finalice con otro orden mundial, con un reparto diferente del adorado petróleo. Pero es seguro que, cuando todo este acabe, para muchos, la consecuencia sea el enorme poder que ha demostrado el arco iris. No a la guerra.