Bono quiere guerra. El líder de U2 -que cuanto más envejece más interesante se pone- estuvo ayer en el Elíseo hablando, precisamente, con la figura que encabeza la más firme oposición a la guerra. Y aunque todo parezca confuso, tiene su explicación. Porque la guerra que pide Bono es la guerra contra el sida y contra la pobreza. Y por ese compromiso (y probablemente también por su trayectoria musical), el presidente de la República francesa le impuso la Legión de Honor, la distinción más alta que conceden nuestros vecinos del norte. Como ven, Paul David Hewson, que así se llama Bono cuando no hace de Bono, estaba muy orgulloso de su condecoración, que en la imagen luce al lado de su mujer (¿La conocían?) Ali Hewson y del propio presidente Chirac . Desde luego, Bono se puso las botas, en la literalidad y en la metáfora, porque, entre otras muchas cosas, declaró que Tony Blair va a la guerra porque está «sinceramente equivocado». Jennifer y las seis limusinas Pero, dejemos la guerra un ratito y hablemos de cosas algo más divertidas. De Jennifer López , por ejemplo, que utilizó seis limusinas para un viaje de cien metros en pleno centro de Londres. Hay que suponer que pagaría el peaje recién instalado en la capital británica, claro, aunque no creo que le importara mucho. El asunto fue que tenía que desplazarse de un hotel a otro y, como es una megaestrella, hizo el viaje en limusina. Ella y toda su trouppe , que ocupó en total seis vehículos. Los que alucinaron fueron los que vieron la jugada. Sobre todo cuando comprobaron que las limusinas se detenía a cien metros del lugar de donde habían salido. Pamela Anderson la monta en Viena Otro buen número se montó en Viena, durante el baile de la Ópera, al que estaba invitada Pamela Anderson . El revuelo de fotógrafos fue de tal magnitud, que el novio de la superdotada actriz, Kid Rock , se animó a repartir bofetadas para abrir pasillo, colaborando con la airada actitud de los fotógrafos. Que no cunda el pánico entre el público masculino. La Anderson salió viva de la experiencia, aunque no pudo abandonar el palco ni para ir al servicio. Fuera le esperaba la vapuleada nube de fotógrafos. Con ganas de guerra.