El efecto Mozart

Jesús Fraga REDACCIÓN

SOCIEDAD

Escuchar las obras del compositor austríaco mejora el rendimiento intelectual y tiene efectos terapéuticos, según pretenden demostrar varios estudios e investigaciones

09 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Disfruta usted escuchando una sonata de Mozart? ¿Es de los que se entusiasma con Las bodas de Fígaro o vibra con el aria de La reina de la noche en La flauta mágica ? Si la respuesta es afirmativa, sepa que no sólo está cultivando una pasión melómana, sino que está al mismo tiempo ejercitando su cerebro. En los últimos años se han multiplicado las experiencias encaminadas a demostrar que la música de Wolfgang Amadeus posee unas cualidades que estimulan el desarrollo intelectual y apaciguan el ánimo. Ancianos, escolares, bebés y hasta fetos: todos ellos han sido público privilegiado de Mozart y todos ellos, al menos según los resultados, se han beneficiado de una medicina intangible que se administra en discos y tiene partituras y pentagramas como prospectos. Quien más se ha beneficiado de esta faceta inesperada del legado mozartiano es Don Campbell, un estadounidense que parece estar más cerca de un gurú new age que de un neurólogo o un terapeuta. A principios de los 90, Gordon Shaw y Frances Rauscher, investigadores de la Universidad de California, expusieron a unos escolares a 10 minutos de una sonata de Mozart; como resultado, los alumnos mejoraron su rendimiento. Campbell ha tomado como base los avances de esta iniciativa para establecer un imperio de libros y discos, además de conferencias, para el que incluso ha patentado una denominación: el efecto Mozart. Con sus productos y la inestimable cooperación del compositor austríaco, el oyente optimiza la memoria, perfecciona el lenguaje y la coordinación física, según Campbell. Su último éxito es un libro titulado El efecto Mozart para niños , imprescindible entre progenitores entusiasmados con la idea de convertir a sus retoños en genios. Especial para fetos Los números avalán el tirón del negocio: de los diez compactos orientados al público infantil -hay uno especial para fetos y madres embarazadas- Campbell ha despachado más de dos millones de unidades. Hasta la Administración norteamericana lo ha tenido en cuenta. En los estados de Georgia y Tennessee a cada recién nacido se le hace un regalo. Un disco de Mozart. Aunque no sea con la espectacularidad de la mercadotecnia de Campbell, lo cierto es que la música es un recurso muy apreciado como terapia. En tratamientos de autismo es una valiosa aliada, ya que favorece la espontaneidad en la comunicación, contribuye a romper el patrón de aislamiento y actúa como un estímulo externo que promueve la socialización. Los enfermos de alzheimer que han experimentado musicoterapia han incrementado su calidad de vida. Pero, la pregunta es: ¿por qué Mozart y no otro compositor, Bach o Haydn, por ejemplo? «Fue un niño prodigio que murió joven y aún así pudo escribir una increíble cantidad de música. Tiene una historia fascinante con la que la gente se puede indentificar», argumenta Campbell. En The Guardian , Curtis Price, profesor de la Royal Academy of Music de Londres no parece muy convencido: «Fui una vez a una conferencia del Efecto Mozart. Salí con la impresión de que no existía. Es una bonita idea pero ficticia, el resultado de un producto pseudocientífico». Contra los cacos De todas formas, Mozart se está convirtiendo en una estrella no sólo en los grandes circuitos clásicos, sino en los más dispares proyectos. En 1990, en la ciudad canadiense de Edmonton se radiaron por megafonía los cuartetos de cuerda para relajar a los peatones. En enero de este año, las estaciones de ferrocarril del condado de Essex, en el Reino Unido, rebajaron sus niveles de vandalismo y criminalidad nocturna gracias a Amadeus. En las escuelas se ha convertido en un favorito para mejorar las notas y el comportamiento. Hasta se vende un método Mozart para enseñar matemáticas. Si no combate el fracaso escolar, al menos hará las clases más agradables.