El septuagenario diseñador confirma en París que se encuentra en pleno apogeo creativo Grandes e historiadas pamelas, osados escotes, rotundas transparencias y bordados de sueño vestirán de lujo la próxima temporada a la mujer Ungaro y fueron, ayer, un toque de fuegos de artificio en la tercera jornada de colecciones de alta costura para la primavera-verano del 2003.
22 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.En el Teatro de Chaillot, frente a la Torre Eiffel -aunque invisible tras la pasarela negra instalada por el modisto italiano- la moda se hizo poesía durante unas horas, en cazadoras de lana negra bordadas, faldas de seda de estampados floreados y chaquetas de guipure negro combinadas con pantalones de muselina, todo bordado. Portando chalecos decorados con motivos de lentejuelas y piedras preciosas multicolores, sobre blusas y faldas de estilo gitano, o bajo conjuntos de puntillas bordados en turquesa, naranja, rosa y fucsia, el verano 2003 sirvió de excusa a Ungaro para dar rienda suelta a sus más bellas fantasías. Entre los secretos de este artista septuagenario, que triunfa y consolida posiciones cada temporada, figura el de haber abandonado hace unos años el pret-a-porter a su colega Giambatista Valli, porque «con 18 colecciones al año, se pierde a la fuerza la frescura». El modisto, que tomó la aguja a los seis años en la sastrería paterna y se formó durante otros seis junto al gran Balenciaga, se dice convencido, además, de que «hay que convertirse en un transmisor, como se ha hecho siempre». En pleno apogeo creativo, lejos de pensar en retirarse, el modisto afirma querer lanzarse ahora a la «creación de atmósferas, la decoración y las artes de la mesa», en colaboración con su esposa Laura, según comentó a la prensa. Entre tanto, para el verano próximo, mostró en su pasarela chaquetas-capa de guipure ribeteadas de fucsia, vestidos de satén estampado y devorado en rojo, violeta, beige, turquesa o fucsia, que el público aplaudió entusiasmado. En primera fila, la actriz Sophie Marceau celebró de manera especial un pase de vestidos negros de seda, largos, en los que tirantes, drapeados, calados, escotes y aperturas más o menos indiscretas realzaban aún más el impecable corte alta costura y el saber hacer del modisto, tan increíblemente traducido en sus talleres. Otros protagonistas de la jornada de alta costura parisiense fueron ayer la coreana Ji Haye, con voluminosos y asimétricos vestidos, en colores vivos, como el amarillo o el rojo y el fucsia, construidos con transparencias, bordados, calados y drapeados irregulares incrustados. Su traje pantalón, todo un homenaje a Saint Laurent y a su célebre masculinización del estilo femenino, o a la inversa, lucirá de preferencia en las grandes ocasiones. Los pantalones serán acampanados, negros o blancos, en terciopelo plateado o con un discreto polvo de brillantes, raya esmoquin y delgados ribetes de colores vivos. La chaqueta se llevará directamente sobre la piel, adornada con collares de grandes piedras de cuarzo o de turquesa.