El trasplante de cara, a un paso

M. Allende CORRESPONSAL | LONDRES

SOCIEDAD

Cirujanos plásticos británicos anunciaron que antes de dos años podrán hacerse realidad las donaciones de cara, pensadas para personas con grandes desfiguraciones

30 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

La asociación británica de cirujanos plásticos debatía ayer en un congreso que se celebra en Londres la posibilidad de que en un máximo de dos años, quizás sólo 18 meses, se realice el primer trasplante de cara en el mundo. Las nuevas técnicas de microcirugía y los potentes fármacos antirrechazo han hecho posible que aquellos pacientes con enormes desfiguraciones de cara puedan recibir como el rostro de otra persona fallecida. La posibilidad es tan clara que el hospital Royal Free de Londres ya ha creado el primer equipo dirigido por el asesor en cirugía plástica Peter Butler, que se encargará de realizar el primer trasplante de este tipo. Según explicó Peter Butler, sólo existen unos quince enfermos en el Reino Unido que podrán beneficiarse de esta técnica de microcirugía, la mayoría por sufrir cáncer y grandes quemaduras en la cara. El principal beneficio con respecto a la tradicional reconstrucción es poder suprimir la dificultad actual de lograr que los pacientes recuperen expresiones y sensaciones en el rostro, particularmente en los labios, ojos y mejillas, «lo que crea en vez de una cara una máscara de piel», tal como indica Butler. El trasplante de cara sin embargo permitirá que el paciente vuelva a tener un pleno dominio de los distintos movimientos de la cara y todas las sensaciones, porque no sólo se trasplanta piel sino también músculo facial. La manera en la que se realizará el trasplante es el siguiente. Se extraerán cuatro venas, cuatro arterias, músculo y piel del donante, alguien recién fallecido. Por su parte, al enfermo se le tendrá que extraer los músculos faciales, la piel y la grasa subcutánea. La parte más dificultosa en la que interviene la microcirugía es la de la conexión de los múltiples nervios de la cara. Dudas morales Pero si el aspecto tecnológico y médico es superable en el proceso de conseguir un trasplante de cara, no es tan fácilmente superable el aspecto moral. La cara es la parte del cuerpo con la que nos identificamos, por lo que llevar la cara de otra persona es como arrebatar la identidad del donante, en todos los casos un ser fallecido. Al mismo tiempo el enfermo hace frente a una nueva identidad, un aspecto sobre el que ningún psicólogo sabe a día de hoy cómo reaccionará: «Hay un componente ético y moral que hay que debatir -indicó Butler- ya que si bien todo el mundo estaría dispuesto a recibir una nueva cara, pocos son los que aceptarían donarla al morir», por no hablar de los problemas familiares que una decisión como esta puede suponer. Opción estética Christine Piff, de la asociación Let's face it , un grupo de apoyo para la gente con desfiguraciones faciales, indicaba ayer que ella no adoptaría el modelo de trasplante. Christine Piff sufre desfiguración facial por cáncer desde hace veinticinco años, y desde entonces lleva una prótesis facial. «Hay algo que me aleja del trasplante -dice ante el anuncio de esta técnica- y es saber que llevo otra cara, una cara que no me pertenece». Eso sí, Piff también agrega: «Pero cuando pienso que estamos en el 2002, sé que el trasplante será realidad». Entre los médicos también pesa la sospecha de que con el tiempo este método pasará a ser una opción más en cirugía estética. Se podrá llevar la cara de un padre, hermano o amigo fallecido o quizás la de un actor o cantante famoso.