Bancos y tiendas protegieron con tablones sus vitrinas, algunos McDonald's retiraron sus rótulos de neón y muchos padres no llevaron ayer a sus hijos al colegio en Florencia. Cerca de 6.000 policías patrullan la ciudad por temor a que se repitan los incidentes violentos que se vivieron en Génova el año pasado durante la cumbre de los siete países más industrializados del mundo y Rusia, cuando un policía mató a un activista italiano en enfrentamientos callejeros. En este caso, además de la conferencia del foro, el sábado tiene lugar una manifestación contra la guerra contra Irak. El principal temor del gobierno italiano es que ese día se produzcan enfrentamientos. Control de fronteras Para alejar a los extremistas más conflictivos, el acuerdo de Schengen ha sido levantado y las fronteras vuelven a ser controladas. La policía de frontera ha impedido la entrada a unos 1.000 presuntos extremistas provenientes de Francia, Grecia y Europa del Este que iban armados o que no tenían la documentación en regla para entrar en Italia. Además, por temor a posibles ataques, el espacio aéreo sobre Florencia ha sido suspendido. Todo para evitar que en Florencia, la cuna del Renacimiento, se descascarillarse una sola piedra, sea por un botellazo o por una pelota de goma. El Gobierno, de hecho, llegó a pensar en prohibir el evento, pero al final ha dado un voto de confianza a los promotores. El alcalde, Leonardo Domenici, dijo que «los florentinos están preocupados, pero no están en contra del foro».