Zorita se convertirá en la primera central nuclear en España cuyo cierre se decrete por motivos técnicos al considerarse que su vida útil, programada para abril del 2006, debe llegar a su fin. El único precedente existente es el de Vandellós I, aunque en este caso su clausura se debió a un incendio ocurrido en 1989 que, poco más o menos, obligó a improvisar un plan de desmantelamiento que se topó con múltiples trabas burocráticas y cuyo desarrollo aún se está llevando a cabo. Lo que sí parece claro es que, en base a este antecedente y a otros ocurridos en Estados Unidos, el coste de desmantelamiento de la planta será superior al de su construcción. El desmontaje de Vandellós, presupuestado inicialmente en 45.000 millones de pesetas, ha doblado las previsiones hasta aproximarse actualmente a los cien mil millones. El complejo de Yankee Rowe, en EE.?UU., costó en 1960 186 millones de dólares, mientras que su cierre está valorado en 372. La experiencia de Vandellós, aunque son dos casos distintos, también puede servir de ejemplo para Zorita. Uno de los obstáculos con que se encontró la clausura programada de esta planta fue el burocrático. Para que se lleve a cabo el proceso es necesario que la titularidad del complejo sea cedida por la empresa productora de energía a la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos. Este trámite se prolongó durante ocho años, algo que no ocurrirá con Zorita, puesto que lo más probable es que en el plan programado de clausura, que estará listo antes del 2004, incluya ya el traspaso de la propiedad a Enresa. Combustible radiactivo Solventada esta cuestión, quedará por decidir qué ocurrirá con el combustible de la central, bien de los residuos almacenados en la piscina como los que todavía se encuentren en uso. A diferencia de lo ocurrido en Vandellós, donde el material nuclear se llevó a una fábrica de reprocesamiento en Francia, todo apunta a que los desechos de Zorita permanecerán en la propia planta en un almacén individualizado, una solución pedida por los ecologistas y aconsejada por los técnicos. Lo que no se quiere en ningún caso es que se desplacen. El último paso será el tratamiento del reactor, que será recubierto por un sarcófago de hormigón hasta que se reduzca su radiactividad. Pueden pasar más de 20 años.