Todos somos neoyorquinos

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

11 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Ya lo sé, ya lo sé. Ayer quedaron ustedes de nuevo impresionados por las famosas imágenes del año pasado, por las de este año, con tantos homenajes y tantas lágrimas. ¿También en esta página? Pues también. Espero que aquellos que se confiesan saturados e incluso escépticos ante la actitud actual del Gobierno de Estados Unidos sepan disculparme. Pero aquel atentado fue un fenómeno global. Tal vez el más global que nos haya tocado vivir hasta el momento. Y yo creo que vale la pena recordarlo. Vale la pena porque nuestras pequeñas pero satisfactorias vidas pueden quedar un día rotas porque sí. Porque alguien no piensa como nosotros y no quiere que nosotros pensemos con libertad. Y nos dispara. O nos detiene. O simplemente nos destruye. Y eso debería preocuparnos, aunque a veces nos produzca hartazgo. Muchos lectores me escriben agradeciéndome el tono dicharachero, frívolo e intrascendente de esta página. Dicen que es un alivio después de enfrentarse a tantas noticias deprimentes. Y yo se lo agradezco. Pero hoy no es el caso. Nada me unía con Manhattan, ni con los cientos que desaparecieron el 11 de septiembre. O eso creía hasta que se derrumbaron las torres. Y todos aquellos hombres y mujeres murieron víctimas de la intolerancia. Otros muchos han caído desde entonces y otros lo hicieron antes. Salvador Allende , sin ir más lejos, en otro funesto 11 de septiembre. Ahí, en esa condición de víctimas, es donde estamos unidos. La foto que soporta este comentario no es de Nueva York. Es de Kosovo. Allí saben mucho de intolerancia y de muerte. Allí, como en casi todo el planeta, ayer fue un día especial llamado a que todos reflexionemos un poco sobre la necesidad de convivir en paz. Vivir y dejar vivir.