Londres olvida a Diana

Íñígo Gurruchaga COLPISA | LONDRES

SOCIEDAD

IAN WALDIE

El culto popular a la princesa de Gales se ha difuminado y sólo queda el negocio

30 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La mansión de Althorp, donde Diana de Gales creció y donde está enterrada, cerrará hoy sus puertas, como cada 31 de agosto, en el aniversario de su fallecimiento. Los visitantes -dos mil por día, según el hermano de la princesa y heredero del título y la hacienda familiar- han sido menos a medida que pasa el tiempo. Pero aún, más de 100.000 personas visitan cada año el recinto preparado por el conde de Spencer. La contabilidad del lugar ofrece también un signo de decadencia. En el primer año de la apertura, el centro de recuerdo a Diana generó cerca de 1,5 millones de euros, destinados al fondo caritativo que lleva el nombre de la princesa. El año pasado fueron menos de 20.000 euros. Amortizaciones, impuestos, costes, consultorías profesionales... van restando beneficios caritativos a la empresa. En Kensington, Mohamed Al Fayed adorna las vitrinas de Harrod's con sus homenajes de estética cursi la pareja fatal de Dodi y Di. Un día dice que se sumará a las acciones legales para limpiar el nombre del conductor que estrelló el vehículo en el que viajaban, en París. Al día siguiente, dice que, si la familia real le hubiese pedido que disolviese la relación sentimental de la pareja, él hubiese accedido y obrado en consecuencia. Los más fieles dejan flores en los jardines de Kensington, donde pronto se levantará una fuente, la primera obra pública de homenaje a Diana en Londres. El libro del escolta Y su escolta está enfrascado en una pelea con quienes fueran sus superiores en Scotland Yard, porque se ha sumado a la lista de personas que esperan ganarse una holgada pensión publicando su libro sobre Diana, y los jefes de la policía creen que traiciona así el pacto de fidelidad y discreción que los escoltan suscriben con sus protegidos. El conde de Spencer dio, hace semanas, su «última entrevista» sobre su hermana. Para decir que sólo ha estado una vez con el príncipe Carlos desde hace cinco años. Que ve poco a Guillermo. Que intercambia mensajes más a menudo con Enrique. Las imágenes de aquel Londres tomado por miles de santeros son ya una neblina difusa. La solemnidad quedó restaurada en el funeral de la Reina Madre. Y el tiempo de Carlos y de Camilla, con el fantasma de Diana siempre presente, aún no ha llegado.