Cómo disfrazarse de millonario

La Voz LA VOZ | REDACCIÓN

SOCIEDAD

Con 3.800 euros es posible disfrutar durante un día de varios caprichos reservados para los más ricos Gran coche, hotel de lujo y yate, claves para «cambiar» de estatus

20 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Quiere ser millonario? Al menos, puede intentarlo por un día. Un disfraz de rico para dar el pego durante casi 24 horas. Pues por 3.800 euros convenciría hasta a los padres de ella, sus futuros suegros. Imagínese que llegan a Santiago. Pues recójales en el aeropuerto para darse el placer de abrirles la puerta de un Audi A6 (alquilado por 24 horas, naturalmente), su coche de batalla . Ponga rumbo al sur y a la ostentación. Destino, un yate (también de alquiler) para recorrer plácidamente el litoral de las Rías Baixas. Ese complemento indispensable para cualquier miembro de la jet . Si logra completar el cuadro con un impresionante bronceado (esto hasta puede salirle gratis), hasta puede que los moradores de Puerto Banús envidien la estampa. Perfecto. Invite también a ese amigo de la pareja o de su novia que pulula por Galicia (la embarcación le sale por el mismo precio). Y, aunque sea en el Atlántico, los señores tienen que comprobar que la niña va a comer bien. Hay que ser ágiles: un buen cátering a bordo. Para no correr riesgos e impresionar, usted puede acudir a O Eido do crego. «Son los mismos del cátering de Oasis, Jamiroquai, Zucchero...». Es el acompañamiento verbal perfecto. Y si hay que impresionar, de postre, al anochecer, fuegos artificiales. Después, imposible bajar el listón: hay que pasar la noche en el Gran Hotel de La Toja. Si la futurible suegra realiza edificantes incursiones en la prensa rosa se sentirá halagada al contemplar la posibilidad de codearse con Victoria de Borbón Dos Sicilias (veranea en esta zona, pero averigüe por dónde suele moverse). Y no olvide la pieza inevitable del fondo de armario de millonario: un esmoquin para no desentonar si sepresenta la ocasión de colarse en grupo en una fiesta exclusiva (ya sea en el mar o en tierra firme). Los zapatos italianos tendrá que ponerlos usted, pero seguramente tendrá la oportunidad de reutilizarlos en su propia y ahora ya inevitable boda.