La villa coruñesa rindió culto al percebe en un fin de semana de exaltación gastronómica en Galicia Miles de personas desfjlaron por la localidad para degustar kilos del preciado crustáceo
28 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, pensó en un lugar concurrido, en un patio de vecinos sorprendente y divertido y llevó al cómic su Rue del Percebe. ¿Se inspiró en un rincón del noroeste peninsular? Ayer, Cedeira quisó hacer grande ese nombre, el de aquel marisco, y el puerto de la villa se convirtió en, precisamente, ese patio con el sabor de las uñas. Miles de personas se juntaron en la Festa do Percebe, una de las más destacadas citas gastronómicas de la comunidad. Hubo unas cuantas. Galicia se dejó el estómago en el último domingo de julio. Allí, en ese rincón peninsular, a orillas de la ría, cayeron unos 1.800 kilos de percebes. Se devoró el trabajo de toda una semana por los acantilados en apenas cuatro horas. Los más remolones, los que esperaron al final del telediario, no encontraron más que algunas raciones de pulpo. «Se esto sigue así imos ter que facer a festa durante unha semana», decía Agustín, vicepatrón de la cofradía. Las decenas de personas de la organización no tenían manos suficientes para antender el agua, las potas y los platos. A ocho euros salía cada uno, regado con caldos del país y empanada de raya. Con técnica Bajo la carpa se mezclaban voces, olores y sabores y se repetían técnicas. «Así, con este movimiento, para que no te manches», aleccionaban las madres a los hijos, aunque de poco sirviera. «Es feo, pero está delicioso», decía Javier, de Zaragoza, refiriéndose, claro, al marisco. Predominaba el público local, de la zona, pero había hasta un guiri europeo: «Uns alemáns gravaron algo para unha televisión de alí», confirmaba Agustín, cansado, como el resto de sus compañeros, pero «moi contento porque á xente gústalle cada vez máis isto». Sin atreverse a dar una cifra de visitantes, confirmaba que el mediodía del domingo «foi algo impresionante». Cada año, van siete, se desborda un poco más. Ahora habrá que volver a bajar por las rocas, al pie de las olas, para repetir la celebración en apenas doce meses. Para entonces, coinciden en la cofradía, habrá que traer un producción bastante más voluminosa.