Playero rico, playero pobre

M. Ferreiro A CORUÑA

SOCIEDAD

Un bañista puede realizar un gasto medio de unos 350 euros en ropa, complementos y cremas solares Luis Miguel nos engaña. El mexicano canta su "sol, arena y mar es todo lo que quiero ahora" y se queda tan ancho en su tumbona. Como si fuera fácil. O barato. Quizás porque dispone de una cuenta que le permite no mirar su cartera antes de una inmersión en una playa.

25 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Él constituye una muestra de los millonarios con jet privado apuntando hacia islas idílicas, zona vip y bañador de diseño. Y es que hasta entre la especie playera existen clases. Pero tanto el playero rico como el playero pobre deberán sufrir a una mínima sangría para aplacar su sed veraniega con agua salada. Un coruñés decide irse a la playa de Xilgar, en Sanxenxo, sin desentonar con el selecto ambiente del Benidorm gallego. Todavía no sabe que el viaje y el kit de baño le pueden costar unos 350 euros (sin excesos). Y comienza a utilizar la fashion calculadora . El plan: bajarse a 140 por hora en su potente bólido. Pero frena en seco: el desplazamiento puede salirle en 36 euros entre la gasolina y el peaje de la autopista. Cambio de dirección: Riazor, a un paso. Pero el poblado arenal coruñés también demanda estilo, aunque uno no pueda permitirse homenajear a Coco Chanel con una de sus toallas a 200 euros. Reciclar prendas clásicas Es necesario equiparse desde el gorro hasta las chanclas. La tentación de las grandes marcas es enorme, mucho más que el dinero disponible. Quizás haya que unirse al sector de bañistas pertenecientes al grupo «gente sin complejos» y recurrir al clásico gorrito piensos biona o a algún emotivo recuerdo del tipo festa do percebe 99. En algunos casos, los artículos incluyen camisetas a juego. Gratis, claro. Y también existe la posibilidad de reciclar el añejo pantalón corto de deportes como prenda de baño. Hasta se puede resucitar aquel minibañador con el logo de Los Ángeles 84 en nombre de la moda retro. O imitar el minimalismo de los brasileños: bermudas que se utilizan como bañador, chanclas y camiseta que sirve como toalla. Pero cuidado, entre el hombre Armani y la versión vacacional de los Morancos existe un término medio. Decidido el look , hay que profundizar: la piel. Mala suerte: el aspirante a bañista se da cuenta de su tendencia a adquirir el tono camarón. Y observa que puede dejarse incluso 27 euros en una crema con factor 25 elevado al cubo. Reflexión: el blanquito no puede arriesgarse y pagar el pato (literalmente) con un carísimo bálsamo para después del sol, un alivio para la piel que le escocerá a la cartera, a no ser que emplee el tradicional remedio del tomate natural. Y porque es un chico. Si es una mujer antes del baño estará escaldada, porque ya habrá martirizado piel y sus ahorros con la depilación por lo de evitar lo de pelillos a la mar. El pareo puede ser el aliado del disimulo. Otro desembolso, aunque sea en tiempo de rebajas. Con la tortilla puesta El protagonista, ya empanado con ungüentos y arena, comprueba que al calor del verano el pinchito o el helado se cotizan como caviar. Menos mal que al bañista autóctono le quedan recursos nacionales: llevarse la tortilla o la empanada puesta. Habría que incluir la compra de una nevera portátil para que las viandas no se transformen en charquitos. Otra pesadilla: el «perros no» que adorna las playas. Si es propietario de un can tiene dos opciones: pagar una residencia o endosarle el manejable pastor alemán al familiar. ¿Les parece poco? Si les sobran 600 euros estarán en disposición de adquirir una bolsa de Rabanne que, tras el desembolso, quizás sea lo único que puedan llevarse al arenal junto a un vigilante de la playa.