Insultos y libre expresión

La Voz

SOCIEDAD

Miles de nombres propios, hoy parte de una fría estadística, se oyeron en recuerdo de las víctimas del sida en una ceremonia de la Conferencia de Barcelona. A los lados de la avenida principal de Monjuïc se extendían medio kilómetro de tapices en memoria a los fallecidos, con fotos, prendas usadas, e incluso peluches de bebés que murieron infectados en todo el mundo. Era parte de las acciones de la otra cumbre, la más social e implicada. Bill Clinton y el presidente de Portugal, Jorge Sampaio, pidieron más acción, que los seropositivos no oculten su condición para que puedan ser considerados personas como los asmáticos o los diabéticos y no unos marginados de la sociedad. Los coorganizadores de la Conferencia de Barcelona, Jordi Casabona y José María Gatell, se felicitaron por un logro fuera de programa: los activistas más críticos actuaron con total impunidad: «Todos han podido expresar su opinión en este foro, porque de eso se trata», explicó Gatell con satisfación, a pesar de recibir insultos de quienes no comparten su actividad.