Los abuelos dan la campanada

Sara Carreira Piñeiro
SARA CARREIRA A CORUÑA

SOCIEDAD

CÉSAR QUIAN

Una joven de Arteixo acudió al bautizo de su hijo y se encontró con la boda de sus propios padres Erika Núñez y su compañero, Alejandro Busto, sabían que la de ayer no iba a ser una mañana normal. Su pequeño hijo Christian, de dos meses, iba a ser bautizado en la iglesia parroquial de Oseiro, en Arteixo. Erika llegó a las doce y media, a tiempo para saludar a sus invitados y esperar por su madre, Marta. Y casi se desmayan cuando la vieron salir del coche vestida de novia. Ella y su marido, Ángel, decidieron dar la sorpresa a la familia y pasar por la vicaría veinte años después de hacerlo por el juzgado.

01 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace menos de un mes, Marta Giraldo llevaba a su marido, Ángel Núñez, al trabajo, cuando de repente escuchó una frase poco usual en un matrimonio de veinte años: «Marta, casémonos por la Iglesia. Tú y yo solos, nada más». Su única hija, Erika, les acababa de hacer abuelos y eso afectó mucho a Ángel Núñez, a pesar de estar lejos de la cincuentena. A partir de ese momento los acontecimientos se precipitaron. Decidieron aprovechar el bautizo del pequeño Christian para celebrar una boda rodeados de los suyos. Pero si bien quería estar con sus familiares, no les apetecía comprometerles o meterles en un gasto. Por eso tomaron la decisión de no decírselo a nadie. Dos amigas de la novia, una pariente a la que llamó a Venezuela y el párroco de Oseiro, don Pedro, fueron los únicos en saber de la boda. Gracias al sacerdote los trámites fueron facilísimos y rápidos, pudiendo mantener el secreto. La novia, pendiente hasta de hacer lazos para los coches, se presentó en la iglesia nerviosa, radiante y muy emocionada. Y eso que la madrina era su propia hija, y su flamante esposo, el mismo con el que comparte la vida desde hace veinte años, cuando se casaron en Venezuela siendo críos.