HÉCTOR VEREA OPINIÓN
09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La vida de la especie humana es un exponente más de la fragilidad e incertidumbre de la naturaleza: de tiempo en tiempo, brotan nuevas miasmas o resurgen viejas plagas que creíamos extinguidas. En un mundo sin fronteras son los cambios sociales los que en ocasiones propician su expansión, como en el sida o la tuberculosis multiresistente. Son situaciones muy proclives a la alarma social. Cada vez que se abre la caja de Pandora cunde el desconcierto y la sensación de que poco se puede hacer. Pero conviene recordar que los medios diagnósticos actuales son cada vez más rápidos y exactos y que, ante la mínima sospecha, se puede iniciar un tratamiento eficaz. Tal es el caso de la neumonía por legionela: la prueba en orina posibilita un diagnostico rápido y varios antibióticos permiten controlar el proceso. Por lo demás, el caso de los brotes de legionela están convirtiéndose en una amenaza crónica, especialmente en la costa de Levante. La situación persiste y, por ello, debemos reclamar medidas preventivas específicas para evitar la dispersión de una bacteria que crece en las aguas de los depósitos. Pero también es necesario insistir y promover hábitos saludables en la población para mejorar sus defensas naturales de manera muy sencilla: alimentación sana, evitar alcohol y tabaco y no usar frívolamente los antibióticos.