Castigo sí, pero no físico

Xurxo Fernández Fernández
XURXO FERNÁNDEZ A CORUÑA

SOCIEDAD

Expertos en educación ofrecen en A Coruña consejos sobre cómo tratar a niños con problemas de conducta Papás, mamás: háganlo ustedes mismos. Ya no es necesario recurrir a los psicólogos para saber qué le pasa al crío y qué se puede hacer para «domarlo» antes de que sea tarde. Las «cárceles-internado» en el extranjero también pasaron de moda. Los chavales de genes rebeldes encontrarán la horma de su zapato sin salir de casa. Los dos expertos en educación reunidos en A Coruña por la asociación Dédalo dieron ayer unas cuantas claves sobre como dulcificar el carácter de esos «pequeños terroristas» del hogar.

09 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El asunto preocupa. Y mucho. Los padres están cada vez más concienciados de la necesidad de atajar las desviaciones de conducta de sus hijos, según dejaron claro Manuel García y Ángela Magaz, psicólogos del grupo Albor-Cohs. Quedó claro que, si deseamos que un niño adquiera un hábito, debemos proporcionarle una consecuencia agradable y, si pretendemos que deje de hacer algo, tendremos que darle otra que no desee. Nadie desconoce el sistema de recompensas y castigos. Pues bien, se trata de llevarlo a cabo en ambas vertientes. Los secretos del castigo El psicólogo recordó que los niños distinguen claramente lo que permiten y no permiten los padres. Si uno actúa de manera tolerante y otro critica un mismo comportamiento aparece un fenómeno que se llama confusión educativa. Una vez establecidos criterios similares se entra de lleno en el tema del castigo. La fórmula se despeja así: hay que castigar «sólo cuando el comportamiento del niño sea realmente inadecuado o peligroso» y hay que hacerlo «de manera intensa, pero corta, de modo inmediato y privando al chaval de privilegios». Lo que no se debe es tratar de que el menor haga algo que sólo deseen sus padres o imponer un criterio de manera iracunda. El castigo físico es, en todos los casos, pecado mortal. «Los padres deben ser tolerantes con los niveles de conducta insuficiente durante un tiempo», puntualizó Ángela Magaz, que destacó la necesidad de establecer «metas progresivas e ir poco a poco aumentando las exigencias para el niño». El muchacho crece, y la adolescencia es un trance aún más duro. Quedó dicho que los progenitores deben «aceptar de manera sincera lo que el joven elige». Les pidieron «valentía y paciencia», prometiendo una recompensa que llegaría en forma de vínculo emocional.