«Cuéntenos qué le sucede»

P. V. A CORUÑA

SOCIEDAD

REYES

El servicio de teleasistencia de Cruz Roja acerca ayuda y compañía a sus 934 usuarios de Galicia En el ordenador del centro de control de teleasistencia de la Cruz Roja suena un pitido. Es una alarma. Uno de los 934 usuarios del servicio que hay en Galicia tiene un problema. Es Maruja, de Forcarei, según aparece en pantalla. «Buenos días Maruja, cuéntenos qué le sucede», contesta Rebeca con el mismo cariño que si se tratara de su propia abuela. Esta vez Maruja sólo requiere información y de paso, charlar un rato. Otras veces, por desgracia, piden ayuda porque se han caído, necesitan un médico y están solos.

26 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El pitido del ordenador es el que pone en marcha toda la máquina. El voluntario o miembro de la Cruz Roja que recibe el aviso en el centro de control de A Coruña ya sabe quién pide ayuda. «La mayoría de las alarmas son por caídas o porque necesitan un médico o ir al hospital», dice Rebeca, que lleva en la sangre el atender a los demás. Entonces ellos se encargan de movilizar todo en cuestión de minutos. «La mayoría de los usuarios tienen un alto riesgo de sufrir caídas o padecen problemas cardiovasculares», explica Patricia Gallego, subdirectora provincial de atención y servicios de Cruz Roja. «Otras veces sólo llaman porque quieren hablar, porque están tristes, han discutido con la vecina y se sienten mal o están solos», dice. Y lo demuestra con una charla sobre el mar y los peces con Maruja. Ni siquiera se conocen, pero sabe que no sólo importan las llamadas de urgencia, sino también las que buscan esquivar la soledad. Voz sin rostro Si a un lado del teléfono, en la central, hay voces sin rostro que dan un poco de amistad, al otro están casi mil personas en Galicia y cincuenta mil en toda España, con nombre, apellido y todos los datos necesarios para darles ayuda lo antes posible. Son personas como Maruja. Ladislao es otro de ellos. Hoy sólo hace una llamada para demostrar como funciona. Presiona el botón del medallón que cuelga en su cuello y, al momento, le contestan. «Hola, tengo una visita en casa y quería demostrarles cómo funciona», explica. Pero hace poco más de un año su llamada no era una demostración. Su mujer, con una grave deficiencia cerebral, se había caído en el baño. Y él, con un problema de ceguera, no podía hacer mucho. «Mandaron rápido una ambulancia y la ingresaron», comenta con el dolor y el cariño de un marido.