El riesgo permanente

R. R. A CORUÑA

SOCIEDAD

Millones de personas siguen afectadas por una catástrofe cuyas verdaderas consecuencias aún se desconocen La tragedia de Chernóbil ha dejado hasta ahora más de 300.000 muertos, millones de enfermos y terribles secuelas médicas, ambientales y económicas en un estremecedor castigo que todavía se prolongará, según los expertos, durante varias décadas. Hoy se pulsará el botón rojo que certificará la defunción de la central, pero su eco radiactivo, catorce años después, aún provoca a diario dolor, muerte y angustia. El número de afectados, que varias fuentes cuantifican en siete millones, es posible que no se llegue a conocer.

14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Las cifras difundidas por Moscú tras el accidente sólo fueron el primer síntoma de una herida que no acaba de cicatrizar: 31 personas murieron en la explosión. Pero tras el secretismo inicial se fueron conociendo nuevos datos que destripan los huesos de una tragedia hoy en día aún no suficientemente evaluada. Ucrania admitió recientemente que la cifra de muertos a causa de la explosión ascendía a quince mil personas. Ésta, sin embargo, sólo fue la consecuencia directa, ya que, según la versión oficial de Ucrania, el número de muertos a causa de la radiación posterior alcanzó a 300.000 personas. Lo peor estaba, y todavía está, por llegar. Así, las cifras recogidas en diversos informes, tanto de organismos oficiales como de organizaciones ecologistas, son estremecedoras: siete millones de afectados siguen aún con vida, pero con gravísimas secuelas en su salud, y un número aún indeterminado de niños nacerán con malformaciones congénitas en los próximos años. Aún hoy, casi dos millones de personas viven en las zonas contaminadas, y cientos de ellas, por falta de recursos, han decidido arriesgarse y regresar a la zona de exclusión de treinta kilómetros alrededor de la central. Coletazos mortíferos Pero el dinosaurio atómico no murió con la explosión de abril de 1986. La bestia siguió lanzando coletazos mortíferos durante la construcción del sarcófago de cemento en el que se encerró el combustible atómico del reactor accidentado. Durante los meses que duró la ejecución del ataúd, la radiactividad siguió escapándose a la atmósfera, aunque, por aquel entonces, el Gobierno soviético ocultaba la gravedad de la catástrofe y la población de las regiones próximas a la central se contagiaba sin saberlo. Según datos de los ministerios de Situaciones de Emergencia de Rusia y Ucrania, la nube atómica siguió causando enfermedades a tres millones de personas y afectó, en mayor o menor grado, a quince millones en esos dos países y en Bielorusia.