El alemán de Camelle lleva 36 años viviendo en el puerto de la localidad camariñana ¿Quién dijo que para vivir aislado en medio de un paraíso hacía falta irse a una isla desierta? En Camelle (Camariñas), con sólo pronunciar el nombre de Man saben de sobra de quién se habla. Se trata de un ciudadano alemán que lleva la friolera de 36 años en el pueblo. Su residencia es una caseta del puerto, al pie de los acantilados. Hace tiempo que se quiere morir solo y en paz. En los últimos días, su mal estado de salud alertó a los vecinos, pero nadie consiguió que le abriese las puertas de su reducto de soledad.
13 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.La caseta de Man tuvo ayer más visitas de lo normal. Un vecino de la localidad alertó al alcalde, Bautista Santos, sobre el mal estado de salud del alemán de Camelle. Por la mañana, un médico y la asistenta social del Concello intentaron sin éxito reconocer al supuesto enfermo. Por la tarde, ni la Guardia Civil ni la forense y el secretario del juzgado de Corcubión lograron entrar en su intimidad. Man sólo pedía «paz y tranquilidad». Decía encontrarse bien e invitaba amablemente a los visitantes a recorrer los exteriores de su casa, convertidos en un museo al aire libre. De este modo, ataviado con un simple taparrabos al más puro estilo de Tarzán, el hombre se negó a ser reconocido por los médicos. Finalmente, los visitantes desistieron de su empeño y se descartó su traslado a un centro sanitario. Los vecinos del pueblo estaban extrañados porque en los últimos días Man no se dejaba ver por su particular jardín, ni daba su habitual paseo por el muelle. El que más y el que menos tenía su preocupación y es que el alemán se ha convertido en una parte de Camelle.