Un matrimonio ourensano gastó un millón de pesetas, el premio de un sorteo, en sólo un día y en 17 tiendas José Francisco Rey, su esposa María del Carmen Pereira, y sus hijos, Hector y Bea, vivieron ayer una jornada de ensueño. Un sorteo de la Federación de Comercio de Ourense les premió con un millón de pesetas, pero bajo ciertas condiciones. Tenían que gastar todo el dinero ayer y en 17 comercios diferentes de la ciudad. Parecía fácil, una compra máxima de 200.000 pesetas y las 800.000 restantes en cupos de 50.000. Una jornada para millonarios, pero realmente agotadora.
02 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Ya lo decía el concurso, Un millón nun día. Y el día comenzó muy temprano, aunque, en realidad, para la familia ya había comenzado la noche anterior, cuando tuvo que hacer la lista de los establecimientos en los que iba a comprar. Las caras de la mañana delataban la larga madrugada. En la sede de la Confederación de Empresarios, un Rolls Royce les esperaba. En él se iban a trasladar de un comercio a otro, para que los viandantes se fijaran bien en ellos. Hubo hasta quien les aplaudió, y es que, aunque sólo fuera por un día, además de millonarios, fueron auténticas estrellas. Poco después de las diez comenzó la cuenta atrás. Un poco nerviosos por la presencia de flases y micrófonos, se dirigieron al un supermercado, donde gastaron las primeras 50.000 pesetas de forma solidaria, ya que dedicaron la mitad del dinero a Cáritas y la otra mitad al Comité Anti-sida. Con una buena comitiva, se acercaron después a la plaza de Abastos, «a hacer las compras del fin de semana», decían. Al acabar, la cesta tenía un espléndido jamón de bellota de casi 40.000 pesetas y un cabrito de cinco kilos, lo que faltaba hasta las cincuenta mil lo suplieron con filetes. Electrodomésticos La compra de 200.000 pesetas la hicieron en tercer lugar, en una tienda de electrodomésticos, donde compraron un vídeo, un televisor «para renovar el que tenemos», un móvil para la niña y una mesa giratoria _capricho paterno_. También hubo momentos para la nostalgia. La cuarta compra la hicieron en una confitería «donde veníamos cuando éramos novios». Según parece, siguen siendo muy golosos, porque la cuarta compra la hicieron en otra pastelería. Después llegó el turno de las zapaterías, la ropa, las gafas, todo ello, como no, en las mejores tiendas. En algunas, las 50.000 pesetas se quedaron cortas y quedó reservada alguna otra compra, no en vano, ellos son clientes y conocidos. Tras la comida, por la tarde continuó el periplo hasta gastarlo todo, y al final, como era esperado, lo consiguieron.