En directo | Una sesión plenaria histórica Un centenar de habitantes del municipio acudieron al salón de plenos para conocer el desarrollo del debate y para hacer oír su rechazo al proyecto de ordenación del territorio
24 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?uese cual fuese el resultado, Vedra vivió ayer una jornada histórica. Que un millar de vecinos reclamen cambios en el modelo urbanístico es una noticia poco habitual, aunque relativamente frecuente. Que estas rúbricas obliguen a un gobierno municipal a convocar un pleno para debatir su propuesta como una iniciativa popular es todo un acontecimiento. Y es que eso fue lo que ocurrió ayer al mediodía. Un centenar de vedrenses acudieron al consistorio para escuchar por sí mismos cómo los diferentes grupos políticos se pronunciaban sobre el Plan Xeral y sobre la política seguida por el gobierno local, que encabeza el socialista Odón Cobas, respecto a este espinoso y crucial asunto. Que el diseño arquitectónico de los salones de plenos nunca tiene en cuenta que son actos públicos fue uno de los hechos que ayer se puso de manifiesto. Una veintena de sillas de madera plegable fueron casi los únicos asientos disponibles para tan multitudinaria asistencia, que apenas dijo aquello de esta boca es mía hasta que se calentó el ambiente. Ni la sangre llegó al río ni hubo grandes tensiones, pero si algo tiene Vedra es que, como apenas supera los cinco mil habitantes, todo el mundo se conoce y no hace falta hablar con nombres y apellidos. Y como todo queda en casa, el debate se hizo más intenso sobre todo a la hora de buscar explicaciones al porqué de la iniciativa popular. Los representantes de la asociación Verea insistieron en que lo que su iniciativa pretendía era dar la voz de alarma por la escasa capacidad de diálogo y de transparencia de los gobernantes vedrenses. La contrarréplica llegó por el portavoz socialista, Miguel Anxo Otero y Odón Cobas. Ambos relacionaron la iniciativa popular con los oscuros deseos de los miembros de la asociación para trasladar el polígono industrial y para «cerrar la cantera». Y como quiera que todo lo que sea veto al suelo industrial y enfrentamiento con la mina suena a pérdida de empleo, el pleno vivió algún que otro abucheo y unas cuantas interrupciones. Tras noventa minutos de debate, y sin que surgiesen nuevos argumentos, llegó el momento de votar. Los vecinos habían tomado la palabra, pero el turno era el de sus representantes políticos. El gobierno lo tenía muy claro: la propuesta no tenía razón de ser. La oposición dudó entre la abstención y el voto a favor. Sin sorpresas Como cabría esperar, la votación no arrojó ninguna sorpresa. El Plan Xeral sigue su curso a la espera de que se resuelvan las más de ochocientas alegaciones. Los vecinos fueron conscientes de su poder de convocatoria y de la escasa maniobra que tiene una iniciativa popular dentro de un engranaje de un concello, por pequeño que éste sea.