Cerditos de oro contra el eucalipto

Emma Araújo SANTIAGO / LA VOZ

O PINO

Álvaro Ballesteros

La explotación que Manuel Castro abrió para rentabilizar 16 hectáreas de suelo acumula premios por su producción

17 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«A nosa finca ten 16 hectáreas e eu non quería plantar eucaliptos e apostei por unha granxa». Así explica Manuel Castro el origen de su explotación porcina, la SAT Castro de San Gregorio, ubicada en O Pino, que este año ha conseguido un nuevo premio Porc d´Or, galardón que reconoce la excelencia de las mejores granjas de toda España. Hace un año consiguieron un primer premio y en la última convocatoria han logrado la mención de plata en la modalidad de tasa de partos en la tercera categoría, integrada por explotaciones que tienen entre 501 y mil cerdas.

Acumulan diplomas y menciones en el concurso de referencia del sector, pero para llegar hasta donde ahora se encuentra Manuel Castro ha tenido que trabajar duro. Desterrada la opción del eucalipto, su primera idea fue una explotación de vacas. Comenzó con siete cabezas y los estudios de viabilidad de Extensión Agraria le hicieron desistir del vacuno y se pasó al porcino. En su granja trabaja con su hijo, que también se llama Manuel, y con un equipo de cuatro personas más, sin incluir a Speed, un amigable border collie que mantiene a todo el ganado a raya, ya que a las cerdas y los lechones de la SAT Castro de San Gregorio hay que añadir en torno a un centenar de terneras que campan y engordan por la amplia explotación al aire libre.

Un temporal destrozó la granja en el 2009, provocando la muerte de numerosas cerdas y lechones. No sobrevivieron al desplome de parte de la nave ni al frío de la intemperie, habituados como estaban a unas modernas instalaciones que son determinantes para conseguir un premio Porc d´Or.

Para entrar en la explotación hay que seguir un protocolo sanitario que evita el acceso de virus que enfermen a los animales. Y dado que es una granja de lechones, está dividida en función de la fase biológica de los animales. El proceso comienza con la inseminación. El parto, explica Castro padre, llega «despois de tres meses, tres semanas e tres días». Mientras esto no ocurre, las hembras están en una zona de la explotación en la que disponen de espacio para moverse con holgura. Cada una tiene un chip identificativo que hasta mide la cantidad exacta de comida por cabeza y controla su calendario de vacunas y revisiones. Cuando están de parto, las trasladan a un recinto individual con un sistema de barras para que no aplasten a los lechones mientras maman. Superado este proceso, llegan las fases de destete y cebado, que dura hasta que las crías pesan veinte kilos. Para lograrlo disponen de una zona por la que las crías corren y juegan sobre un suelo radiante.

Llegada esta fase, la tarea en San Gregorio toca a su fin, ya que Nudesa, la firma dezana para la que trabajan, traslada a los animales a otra granja.