Alfa en Camino


Desde hace más de mil cien años gentes de toda condición se lanzan a caminar con Compostela como meta. Vienen a pedir, rogar, suplicar, agradecer o redimir una pena. Jamás faltaron los enfermos. O para ser más justos, cuando el Xacobeo 93 volvió a dibujar en el mapa de Europa los Caminos de Santiago todo aquel que no se encontraba en plenas condiciones físicas veía como algo imposible ser peregrino.

Las cosas han cambiado, por suerte. Grupos de personas que no son portentos físicos hacen el Camino. En ocasiones son asociaciones de afectados por un síndrome que reúnen a los suyos y se echan a poner un pie delante de otro. En otras, recuperando el espíritu inmortal del Camino, el que lo convierte en mucho más que una ruta de senderismo.

Esto último es el caso de los afectados por el déficit Alfa 1, una enfermedad puñetera, por decirlo de manera educada. Bajo el lema Alfas en Camino, más de ochenta personas han partido de Sarria divididas en tres grupos, porque no todas son capaces de hacer el recorrido entero, de manera que se ha compartimentado por niveles de dificultad. Pero de una forma u otra recorrerán los cien kilómetros preceptivos para recibir la compostela. Por cierto, la Iglesia colabora de una manera eficaz.

Hoy llegarán a las cercanías de Melide y entrarán en la comarca de Santiago, lo cual sin duda es un plus de ánimo. Haciendo un esfuerzo en ocasiones heroico -la fe mueve montañas- el 1 de septiembre alcanzarán Azabachería. Será el punto final. Seguro que a españoles, neozelandeses, belgas, estadounidenses, noruegos y demás que conforman los Alfa en Camino se les humedecerán los ojos. Como viene pasando en Santiago desde hace más de un milenio.

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