Tú a Cospeito ... y yo a Melide

TENGAMOS LA FIESTA EN PAZ Hay quienes despiden el año separados pese a ser felices y comer perdices. Como Óscar y Sonia, que no pasarán la última noche juntos. Por primera vez han decidido irse cada uno a su casa. Como en los viejos tiempos...


«Estas fiestas nos separamos y cada uno va con su familia»

Este año no pasarán juntos las fiestas. Las  cosas no son como eran... o sí, porque el hogar, el de siempre, no dejó de ser hogar. Sonia Ribadulla Torreiro (Melide, 1989) y Óscar Ben Gutiérrez (Cospeito, 1985) cumplirán la tradición a su manera. Esta vez han decidido romper con la rutina establecida de años en común. No tienen hijos, lo que facilita su propósito: volver a casa, cada uno a la suya, por Navidad. En Nochevieja cada uno cenará con su familia y después saldrá de fiesta con sus amigos. 

JUNTOS TODO EL AÑO

Sonia se irá a Melide y Óscar a Cospeito. Esta joven pareja lleva tres años de novios y un año y medio compartiendo vida. Él es empresario, y ella, encargada en una óptica en Lugo, y fueron a encontrarse en una cafetería. En cada café hay una, mil, historias. Ella vivía en el piso de arriba del bar, al que bajaba todos los días. Y subiendo y bajando dio con su pareja, un amigo del camarero.Como están juntos los 365 días del año, ¡o casi!, han decidido tomarse un respiro por Navidades. Este año cada uno tendrá su espacio. Sonia tiene un hermano que vive lejos de casa. Y regresará este año para pasar aquí las fiestas con su esposa. Con ellos vendrá un regalo sin precio: Carlota, su hija, la niña de los ojos de Sonia. Así que ese espacio propio que reclama la de Melide se llenará de la pequeña, a la que tiene pensado dedicar en estas fechas todo el tiempo del mundo. Óscar, por su parte, aprovechará para estar en la casa de Cospeito con su familia. Disfrutará los festivos  con los suyos... y también haciendo deporte. «Estas serán unas Navidades en las que cada uno se entregará por completo a la familia», explican. A la propia, claro. ¿No pensarán el uno en el otro... aunque sea así a ratos? Confiesan  que sí, que se echarán de menos, pero también recalcan que pasan juntos casi todos los días del año, y que sus familias también necesitan tiempo para estar con ellos. Pues si ellos son felices, y lo son los suyos, seamos originales y tengamos la fiesta en paz.

«Todas as festas pásoas practicamente sen Antonio»

Fruto de una simple y pura coincidencia, después de llamar una vez la Radio Galega al marido de Olga Casas (Fazouro, 1959) para contar en otras ondas su testimonio como marinero embarcado en plena Navidad, ahora, años después, resulta que timbro en casa de esta vecina de Burela para preguntarle lo mismo, pero a la inversa. Las cenas del 24, «todas practicamente», dice, las pasaron así: ella en tierra y él en el mar. Y hablamos de una pareja que se casó hace casi 34 años un 31 de diciembre porque, claro, ahí sí que hacía falta que estuvieran los dos. Lo que se dice acostumbrarse acostumbrarse... «nada». Son fiestas tan familiares, sentimentales y emocionales, los hijos fueron haciendo su vida en otro destino y falta la suegra que Olga reconoce que le cuesta cada vez más hacer que el espíritu navideño aflore con naturalidad. Lo curioso es que, como en su día se apuntó a «todo» en manualidades  ?«Foi a miña salvación», reconoce? ahora crea adornos navideños por un tubo. Tantos que la gran mayoría acaban en otras manos. Un Papá Noel de creación propia es lo que se ve en la puerta de casa, la misma por la que, cuando la atraviesa Antonio, la cara de Olga se ilumina.

LA TARIFA DEL TELÉFONO

«En Nadal ?señala? chama dúas ou tres veces no día. O resto do ano todos os días. El é moi familiar». Faltando Antonio, que puede echar dos o tres meses navegando (se dedica al pez espada, al que se pasó tras la pesca del pincho) dice que en ocasiones ha celebrado Nochebuena cenando en casa de su hermana, «coa súa sogra e os cuñados e miña nai», señala. Este año habrá cambio de planes. Rumbo a A Coruña, «á casa dos consogros».

Olga me enseña otro do it yourself navideño. Tiene inscrito un lema de lo más curioso para el tema que nos trae a estas páginas: «La Navidad es el mejor momento para compartir».

«No coincidimos; mi novia siempre libra cuando trabajo yo»

Separados por el trabajo. María López Chao sabe lo que es pasar la Nochebuena sola, lejos de su novio, Carlos, y de su familia. Es enfermera en el hospital de Ferrol. «Cuando llega la Navidad, ya sé que voy a perderme alguna celebración. Si no es Nochebuena, es Fin de Año o Reyes. Esto es así, alguien tiene que trabajar», cuenta María. Este año le tocó el 24, su tercer 24 de diciembre fuera de casa. «En mi familia es algo normal porque mi madre también trabaja en el hospital. Incluso algún año tuvimos que trabajar las dos en Nochebuena». Lo de estar separada de su novio lo lleva bien: «Estamos juntos desde hace 11 años y, aunque me da un poco de pena no estar con él, ya estoy acostumbrada a que no coincidamos, siempre libra cuando trabajo yo». Su vida es así: él en Bilbao, donde es ingeniero naval, y ella en Ferrol.

MONO DE CAMARONES

Cuando su familia empieza a cenar, María López Chao se pone el uniforme. Las noches de hospital son imprevistas en Navidades: «Normalmente no tienes mucho tiempo para pararte a pensar». Por si tienen algún momento libre, María y su compañera de guardia se llevan pinchos y bebida para hacer una cena paralela. «Me gustan mucho las Navidades, los adornos, las comidas, pero en el fondo me siento bien cuando vengo a trabajar en estas fechas porque sé que hay gente enferma o sola que necesita que la cuiden», confiesa esta ferrolana de 26 años. De lo que no se olvida cuando está en el trabajo, además de su familia y su novio, es de los camarones: «De las cenas de Nochebuena es lo que más me gusta y lo que más echo de menos cuando estoy en el hospital. Sobre todo los camarones... Aunque siempre me guardan unos pocos en un platito para que los pueda comer al día siguiente».

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