ESCRIBIR es como tirarse a una piscina sin red. ¿Las piscinas tienen redes? Acaricio mi gato mientras pienso en el gris perla de sus ojos. Hoy hace un día gris perla. La ciudad está cubierta por la bruma. Los corazones velados por la bruma son los que más me interesan, pienso. La voz de mi abuela que me dice al oído: -Lo peor son los nervios. No puedo con los nervios. Los humanos somos pájaros y temblamos como ellos.?Me gusta el pelo de plata de ley, noble, de mi abuela. Me gusta escribir. Escribir, por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los ojos de mi hermano a lo lejos, en Brión. Escribir es una huida hacia las estrellas, es rascar en el folio para ver si toca gratis el premio del cariño. Es buscar una combinación que no existe. Es hacer magia con las letras en las puntas de los dedos, como cuando acaricias. Me gusta escribir barranco abajo. Escribir para mí es como tirarme en un carrito de bebé por un terraplén y terminar en un lago familiar, yo que no sé nadar. Sentir vértigo y gozo. En fin. La bruma sigue sobre la ciudad, como un sombrero de humo que no se esfuma. Escribir es sacar ternura en vez de conejos de la chistera, soñar en voz alta, arañar tiempo... cesar.casal@lavoz.es