Guía práctica para mimar un castro como hace Arzúa con el de Curbín

Cristóbal Ramírez

ARZÚA

Parte alta del castro
Parte alta del castro Cristóbal Ramírez

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:05 h.

A la pregunta de cómo conservar un castro, Arzúa respondió convirtiendo el de Curbín en un área recreativa que se muestra impecable. Además, está muy cerca del núcleo urbano, por lo cual es posible ir andando aunque sin duda esquivando peregrinos que llegan todo el año y que el verano pasado fueron legión. Un éxito.

Un monolito sirve de referencia y de recibimiento. La primera impresión la resumía un visitante: «Yo por ahí no subo». Y es que justo detrás del panel donde se explica qué es ese castro arranca un sendero que casi obliga a escalar la enorme muralla. Una muralla que rodea la zona que estuvo habitada y cuya parte superior es transitable y permite ver lo que todo apunta a que fue el foso, existente solo por algunas partes.

Pero no hay que desanimarse: en vez de fatigarse innecesariamente por ahí (y además eso deteriora la milenaria defensa), mejor es tirar a la izquierda y acceder por la ancha y nada pendiente entrada que parece ser la auténtica, si bien ha tenido que sufrir modificaciones porque tal y como se ve habría sido un coladero para animales y para unos posibles enemigos.

Y una vez dentro, donde hace tantos siglos bullía una vida tumultuosa, alegre a veces, triste otras, donde la gente amaba y odiaba, discutía y se quería, ahora hay silencio. Una zona de sombra, puesto que murallas e interior son territorio de carballos (algún pino y eucalipto por la parte exterior), y unas pocas, poquísimas mesas, ponen una nota que hasta parece exótica en ese terreno elíptico, con su eje mayor de 120 metros y el menor, de 80.

Pero un vistazo a la hemeroteca permite saber que se han excavado cinco pequeñas zonas de esa aldea de la Edad del Hierro, meras prospecciones, no unos trabajos en toda regla, extensivos. ¿Dónde están esas excavaciones? No se ven. Y la respuesta al por qué es porque se han tapado. No había nada ampuloso que mostrar, sino que se obtuvieron de ellas datos interesantes solo para los arqueólogos.

Una de esas catas se llevó a cabo al pie de la muralla, a la izquierda según se entra. Fue la que dio la sorpresa más llamativa: piezas de lo que parece ser un tablero cerámico de juego. No un ajedrez o juego de las damas, por supuesto, pero sí algo similar que indica que los antepasados —siglo II o III antes de Cristo, según el carbono 14— también se entretenían en sus ratos libres y, ¿por qué no? Competirían. El arqueólogo Samuel Sión declaró entonces: «Atopamos case douscentos fragmentos de pezas pequeniñas que tivemos que ir reconstruíndo coma un quebracabezas. O único enteiro son as 25 fichas». Algo de lo que no hay precedentes en Galicia.

El castro estuvo habitado hasta el siglo I antes de Cristo, y curiosamente no tuvo nada que ver, ni para bien ni para mal, con la ocupación del territorio por parte de los romanos, cuya influencia en castro Curbín fue nula mientras no se demuestre lo contrario. En cualquier caso, esta aldea prehistórica es por derecho propio no solo un encanto de la comarca compostelana sino un auténtico tesoro que guarda muchos secretos. Posteriores —y muy deseables excavaciones— los desentrañarán.

Cómo llegar

Salida de Arzúa hacia Melide, y antes de llegar a la estación de servicio, desvío a la izquierda señalizado. A los 300 metros, desvío a la derecha, y otros 100 más, a la izquierda. Zona de aparcamiento pequeña.