Vandalismo

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

03 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Nos congratulábamos en estas mismas páginas, hace solo unos días y en relación a la polémica de las gárgolas del Hostal dos Reis Católicos, de que la concienciación ciudadana es el motor que impulsa los avances en el cuidado del patrimonio de todos, ya sea en lo que respecta a técnicamente sesudos planes directores de monumentos (como es el caso de las gárgolas empaladas), ya sea, en el polo opuesto de lo indefendible, el mero acto de vandalismo cuyo autor o autores deberían dar por un tiempo con sus huesos entre cuatro paredes pintarrajeadas. Viene esto a cuento de lo incomprensible que resulta a estas alturas de la supuesta civilización, que eventos que sacan a multitudes a las calles, como el Primero de Mayo y tantas otras citas señaladas en el calendario compostelano —el más frecuentado como manifestódromo de toda Galicia— dejen un reguero de atentados contra el patrimonio, sea monumental o no. Un ejemplo clamoroso: este sábado por la mañana, personal de la concesionaria municipal de limpieza, Urbaser, se esmeraba en borrar una enorme pintada bicolor que algún miserable dejó estampada en la fachada de piedra del edificio del Concello (por tanto, de todos los vecinos de Santiago) donde están los servicios de Benestar Social, en Galeras. Sí, una fachada de piedra, ni siquiera buscaron una encalada sobre la que simplemente se pudiese echar una mano de pintura. Y claro, la pintada que bajo el paraguas del día de los trabajadores proclamaba el «no a la guerra imperialista», va a seguir ahí por los siglos de los siglos, porque su rastro no va a desaparecer. Es lamentable que haya presuntos ciudadanos que insistentemente maltratan lo que es patrimonio de todos, y también lo es que, por mucho que se anuncie que se les persigue, ninguno haya sido pillado con las manos en la pintura para darles un escarmiento. La normativa que lo permite existe y es clara. Pero no se ponen medios suficientes para que sea efectiva. Seguirá ocurriendo, sea tras el parapeto de cualquier respetable manifestación, sea en la oscuridad de la noche y la nula vigilancia. Solo el incuestionable avance de la conciencia ciudadana para aislar a los vándalos del espray y la mano dura contra ellos acabará con el problema.