Unos tubitos

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

20 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Aviso: voy a partir una lanza a favor de las personas (es imposible que haya sido cosa de una sola, procede dar el mérito a todas) que han tenido la magnífica idea de poner unos tubos a las gárgolas del Hostal, que las pobres llevaban ahí más de medio milenio sin que nadie les hiciera ni el mínimo caso. Y ahora vienen unos innovadores y les cae un chaparrón de críticas.

Seamos sinceros: ¿los millones de turistas se fijaban en las gárgolas? No, para nada. Solo algún despistado amigo del arte o uno que se aburría y no tenía nada que hacer. La verdad es que si una noche las quitaran con discreción y las almacenaran nadie se iba a dar cuenta.

Lo cierto es que el turismo baja en Santiago. Por lo que sea, pero baja. Hay que tener iniciativas, hacer algo ambicioso, algo de lo que se hable en todas partes con una buena campaña con cargo a la Xunta si el Concello carece de fondos para ello. Podríamos pedir el Guernica, como hacen los vascos, pero con seguridad nos iban a decir que no, así que hay que echar mano de los recursos endógenos, de lo que ya tenemos. Se impone revitalizar la ciudad, darle un aire nuevo. ¿Qué quieren esos que protestan por todo? ¿Que pintemos de rosa la fachada del Obradoiro? Hablamos de unos tubitos de nada que conforman un conjunto armonioso y asoman en unas piedras viejas. ¿Cuál es el problema?

Seguro que los de la idea comentaron algo así como «¿te imaginas, Paco, millones de turistas rodeando el Hostal, haciendo fotos, subiéndolas a Instagram? Hasta nos haremos famosos». Y el Paco de turno respondería «pues tienes razón, amigo, pero ¿podríamos monetizarlo?».

Así que vivan las gárgolas. Total, solo nos arriesgamos a ser el harmerreír del planeta.