Otra política

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En esta ciudad que parece estar sumida en un letargo temerario, hay voces y memoria que deberíamos escuchar con atención porque transmiten lo mejor de la pasión por Compostela, la que pusieron en práctica cuando tuvieron la ocasión de hacerlo, ya sea desde responsabilidades públicas o desde ámbitos privados. Una muy autorizada es la de Luis Pasín. Un breve encuentro casual en la calle —por más señas, simbólicamente, en el lugar donde un día se abrazaron los concellos de Santiago y de su amado Conxo— a pocos metros del homenaje a la Rosalía de todos y de la que unos pocos se quieren apropiar, reedita la esperanza de que es posible echar a un lado las refriegas políticas, los dogmatismos y el tacticismo electoral para trabajar codo con codo para que la comunidad avance. A sus noventa y tantos, Pasín presenta un aspecto envidiable y conserva una lucidez a prueba de bomba, de la que ya hizo gala hace casi un lustro con la publicación en Alvarellos del libro «Pasín. Memoria dunha resistencia», de la mano del periodista José Luis Estévez. Militante comunista, luchador en una familia duramente represaliada por el franquismo, Pasín encarna la mejor tradición del municipalismo, en el que ejerció durante un cuarto de siglo en Santiago, desde aquellos inicios de las corporaciones democráticas en los que la utopía y la voluntad férrea de edificar una sociedad nueva de la que nadie quedase excluido y antepusiese los derechos de los ciudadanos a las ambiciones partidarias podía con todo. Solo así se entiende que, en esa época, el primer alcalde democrático en Raxoi, José Antonio Souto Paz, repartiese delegaciones entre todos los concejales, independientemente de su color político, algo impensable no solo a la vista del panorama actual en el Concello sino a todos los niveles de la política española. Pasín recetaría hoy grandes dosis de diálogo, consensos y trabajo duro pegado a los vecinos. Y, por supuesto, añora su querida brigada de vías y obras, que con su trabajo más artesanal pero de vigilancia e intervención permanente a pie de calle, considera que resolvería, mucho mejor que la frialdad burocrática del servicio externalizado, el problema de las fochancas de la ciudad, recurrente por mal solucionado. Pasín, siempre.