Otero Pombo

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

El tan esperado homenaje que recibió anoche el promotor compostelano Xosé Otero Pombo trasciende en mucho el entorno profesional en el que se gestó, el de los arquitectos a través del COAG, para convertirse en un reconocimiento de toda la ciudad y, mucho más todavía, para certificar que la obra de quien llevó por bandera el lema «Facemos cidade», artífice de un pasado excepcional de la construcción en la capital gallega en su binomio con el genial arquitecto Víctor López Cotelo (ahí están las viviendas de la Vaquería, del Paseo da Ferradura, de Caramoniña, de Pontepedriña de Arriba...), tendrá continuidad. De hecho, ya la está teniendo, de la mano de otro promotor excepcional —Emilio Penas (SSG)—, en el que fue uno de sus proyectos más emblemáticos, que no pudo terminar por esas injusticias de la Justicia y otros reveses más propios de la dificultad de armonizar la capacidad financiera con las iniciativas, con alma y de fuego lento como las suyas, en las antípodas del «pelotazo»: el vinculado a la antigua fábrica de curtidos de San Lourenzo en Ponte Sarela, un pequeño complejo residencial que pronto abrirá sus puertas como extraordinario centro de alojamiento turístico pegado al Camino de Fisterra, y que pondrá en valor lo que hoy son ruinas de uno de los emplazamientos más potentes de lo que fue la industria del curtido desde finales del siglo XVIII, cuando Santiago, a orillas del Sarela y el Sar, lideró la producción en España. Tiene el Concello una muy clara opción de aprovechar esta intervención como punta de lanza de un plan de recuperación del espectacular patrimonio etnográfico y natural del Sarela, de un pasado industrial aún poco conocido y cuyo nuevo futuro Otero Pombo supo soñar.