Artesanos de Compostela, el valor añadido de lo hecho a mano

La Voz SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Tradición y vanguardia, creatividad y diseño se unen en oficios con historia de cuyos talleres salen productos exclusivos elaborados con componentes de arte y paciencia

25 may 2022 . Actualizado a las 13:30 h.

Como ocurre en la práctica totalidad de las actividades de creación manual, la producción fabril en serie ha supuesto, en mayor o menor medida, una amenaza para la supervivencia de los talleres artesanales de las más diversas disciplinas. No obstante, estos han sabido encontrar su hueco para conectar con un público que, de forma creciente, valora el resultado de oficios tradicionales que a su funcionalidad y su utilidad en la vida cotidiana incorporan el diseño y la riqueza de materiales a sus señas de identidad más tradicionales.

 

De los orfebres y azabacheros a los canteiros y ebanistas, de los lutieres a los ceramistas, de los joyeros a los vidrieros, de los zoqueiros a los cesteiros, de los sastres a los zapateros... el área de Compostela resume el potencial de Galicia en el trabajo artesanal, con talleres que incluso pueden ser visitados por el público para adentrarse en estas tradiciones que se reivindican, frente a la producción en serie y al consumo de masas y de usar y tirar, con el valor de lo exclusivo, la durabilidad, la sostenibilidad y también la creación artística.

Como a todo, les ha afectado la pandemia, principalmente al suspender o restringir la celebración de ferias, que son un canal esencial para que los artesanos muestren el producto de su trabajo y lo comercialicen, aunque internet también impulsa este sector, ahora más que nunca. 

Sonia Ares tiene su taller de joyería artesana en Liñares (Rois), en cuyo entorno se inspira
Sonia Ares tiene su taller de joyería artesana en Liñares (Rois), en cuyo entorno se inspira XOAN A. SOLER

Las joyas de Sonia Ares se inspiran en el entorno natural

Sus originales creaciones tienen el respaldo de la marca Artesanía de Galicia, y con cada pieza que hace transmite algo de sí misma

Uxía López

Detrás de la marca Artesanía de Galicia están creadores como Sonia Ares, orfebre del municipio de Rois que tiene su taller de joyería en la aldea de Liñares, en la parroquia de Santa Miguel de Costa, donde también reside. Los inicios de su actividad se remontan al año 1999, cuando la orfebre decide mezclar en una única pieza plata y vidrio.

Desde su taller se encarga del diseño, desarrollo, elaboración y comercialización de sus creaciones y en él también atiende a clientes, con cita previa. «Eu caín na ourivería de milagre», cuenta Sonia Ares. Es natural de Lousame y se formó como capataz agrícola, aunque nunca llegó a ejercer como tal. Participó en dos cursos de soplador de vidrio y ahí empezó todo. Como rompía mucho vidrio, decidió usar las piezas pequeñas para sus creaciones, que empezó a combinar con plata de primera ley como base de las mismas. «E aí xa me namorei da prata e xa foi a base do meu traballo», relata la joyera artesana, que también forma parte del Colegio de Orfebres de Galicia.

Después de más de veinte años, su trabajo ya está «consolidado» y se puede ver y adquirir, además de en su propia página web, www.soniares.com, en tiendas de Santiago, Ferrol, Cambados, Noia o Cuntis, ente otras, además de varias provincias españolas.

Sus joyas de autora están hechas de plata de primera ley, vidrio y esmalte, «todo un mundo e unha paixón para min», afirma Sonia Ares. En cuanto a su inspiración, la tiene muy cerca, en el entorno natural en el que reside. «Dende a fiestra do meu taller escoito a fervenza do río», de modo que la mayor parte de sus colecciones están inspiradas por lo natural, cuenta.

«A miña obra está pegada á paisaxe, á natureza na que vivo e, coas miñas creacións, quero devolverlle á natureza o que nos dá todos os días», explica la orfebre de Rois. Esta añade que, «a persoa que leve unha peza miña vai levar un anaco de min». Para Sonia Ares, su trabajo también es una manera de dejar su huella en el camino de la vida, al igual que todos aquellos artesanos que hacen algo con sus manos.

Así, la creadora de Rois diseña sus colecciones tomando como fuente de inspiración su entorno natural, que percibe lleno de frescura y esplendor. Señala que le encanta plasmar en sus joyas, como verdaderos protagonistas, la luz, el color, las texturas y las transparencias del vidrio y la plata.

La mayoría de sus colecciones llevan el nombre de fincas que conoce o de pequeñas herramientas del campo. «Son nomes do que me rodea», afirma Sonia Ares para quien el hecho de llamar a su marca con su propio nombre «ten un significado moi profundo».

En su trayectoria de veinte años, asegura que «coñecín xente moi boa, que me axudou moito». También adquirió conocimiento y ganó destreza para trabajar a mano las piezas, con detalle y paciencia, tanto que «perdo a noción do tempo cando estou no meu taller», dice. Sus joyas, además de belleza, transmiten una gran sensibilidad artística y visual, afirma la orfebre, y están concebidas para todo tipo de público, desde la adolescencia a la vejez, y para quienes quieren llevar una pieza hecha a mano y en la que hay mucho de su autora.

Ramón Laia emprega peles de curtido vexetal e recorre á técnica de cosido do «emplamillado» na fabricación manual de calzado
Ramón Laia emprega peles de curtido vexetal e recorre á técnica de cosido do «emplamillado» na fabricación manual de calzado Sandra Alonso

Unha tenda de calzado de autor con obradoiro propio ao pé do Camiño

Botíns, zapatos, sandalias, bolsos, carteiras, cintos... o xénero de Laia Zapateiros viaxa por medio mundo

Natalia Noguerol

Cando Ramón Laia abriu o seu propio taller de calzado en Melide, fíxoo con «oito bolsos, unhas sandalias, e uns cintos». Non tardou en despachar o xénero exposto no escaparate, nin en caer na conta de que no facer das súas mans tiña a liña de traballo que volve singular a tenda con obradoiro que na histórica praza do Convento testemuña o abrazo dos Camiños Francés e Primitivo. Daquela, tiña 22 anos Ramón, que levaba dende os 14 aprendendo o vello oficio nunha das zapaterías con fabricación propia que había na vila. «Logo fixen un curso de perfeccionamento en Monforte, e un de marroquinería en Corme», lembra Laia, que tamén medrou no oficio ca teima propia da aprendizaxe autodidacta.

Nunha terra de zapateiros como foi Melide, onde a principios do século pasado chegaron a ter actividade ata vinte obradoiros de fabricación propia cun centenar de traballadores, hoxe é o único artesán do ramo que mantén viva a tradición na vila, que ten en Laia Zapateiros unha das poucas tendas de artesanía que hai no Camiño de Santiago onde o que se vende é de manufactura propia. Tanto o calzado, como os bolsos, carteiras, cintos, e demais artigos de marroquinería, son de autor. «O que se presenta é un produto artesanal, diferenciado, que nada ten que ver co que se ofrece nas tendas de souvenirs. É algo que sorprende e valoran os peregrinos», conta o zapateiro melidense. Do seu taller —que, na praza do Convento, é, xunto co museo etnográfico e a igrexa conventual, parada obrigada nas visitas guiadas para peregrinos — sae todas as semanas algún paquete para o resto de España e para o estranxeiro, con clientes que «é raro que non repitan», conta Ramón Laia.

A clave está na calidade do xénero, que o artesán acada coa materia prima e a técnica de cosido que emprega. Laia pon en valor o oficio con calzado feito a man, con coiro de tenreira de curtido vexetal, forros de badana que tamén se curte con cortiza de árbores nobres, e soletas en solas de coiro natural. O recoñecido sistema de cosido inglés Goodyear —«empalmillado» en castelán— é tamén crucial no resultado. Consiste en unir coa mesma puntada o corte, o forro, a soleta, e a vira, que son as catro pezas do calzado. «É o que fai o zapato», apunta Laia, que co casorio entre pel de curtido vexetal e o tradicional sistema de cosido asina «un zapato san para o pé, que se adapta ás características de cada un».

O calzado de autor deste zapateiro artesán de Melide colle forma en «deseños clásicos, pero actualizados», define. O botín Gilda, o zapato Oxford, e a campeira con trenzado natural son modelos insignes de Laia Zapateiros, onde ademais se fan a medida, tanto para home como para muller, botinas, botíns, botas de montaña, mocasíns, sandalias e outros modelos de zapato que tamén teñen despacho a través de Internet. Con todo, «o zapato hai que probalo», recomenda o zapateiro, que deixa o pavillón alto da zapatería galega —na que poucos artesáns quedan máis ca el— polas principais feiras estatais do sector. 

Esther Ferreiro trabajando el vidrio a fuego en su taller de Santa Comba
Esther Ferreiro trabajando el vidrio a fuego en su taller de Santa Comba ANA GARCIA

Esther Ferreiro: «Confiamos na recuperación de vendas»

«Tralo visto en Semana Santa, agárdase un verán mellor», dice esta artesana con taller en Santa Comba y que lleva casi 20 años haciendo artesanía en vivo en el Castelo de Vimianzo

Emilio Forján

Un cuarto de siglo diseñando joyas en plata de ley y cristal de Murano fundido a soplete, avalan la trayectoria profesional de Esther Ferreiro Romar, artesana joyera y de vidrio desde su taller en la rúa Nova, 7, de Santa Comba, donde pueden conocerse sus creaciones a través de su exposición permanente o bien a través de su web www.arteenplatayvidrio.com, así como en Instagram, estherferreiroromar, y en su página de Facebook. Esther es una de las artesanas que más años llevan haciendo artesanía en vivo en el Castelo de Vimianzo, en total diecinueve años, todos los fines de semana a lo largo del año, mientras que durante el verano lo hace a diario.

Esther Ferreiro se formó en la Escola de Artes e Oficios Mestre Mateo de Compostela. Más tarde pasó por la desaparecida Escola Galega do Vidro, y se enfocó en la joyería participando en cursos de la Real Fábrica de la Granja de Segovia. Actualmente, sus trabajos pueden verse en la exposición itinerante Dvidrio 2022 que promueve el Ayuntamiento de San Fernando de Henares y que se expone en Madrid. La conforman las creaciones de joyería y vidrio de dieciséis profesionales españoles. Se suma a las actividades del Año Internacional del Vidrio, proclamado por la Unesco.

Entre las innovaciones de Esther se halla la incorporación de la mica moscovita, «un mineral que se extrae dunha mina cercana e que lle dá un brillo especial ás pezas», al margen de utilizar la madera, según explica esta artesana que acaba de completar un curso de vidrio soplado para introducir su aprendizaje en las joyas que crea en su taller xalleiro, donde actualmente se encuentra inmersa en la preparación de sus trabajos para la temporada de verano que —dice— «é a nosa época forte de traballo e cando máis expoñemos fóra», como ella misma realiza en el Castelo de Vimianzo.

Esther Ferreiro augura que será un buen verano «a tenor do que vimos esta Semana Santa, en que se ben as vendas non foron como as de antes da pandemia da covid, os artesáns confiamos na recuperación de mercados e feiras, que é onde a maioría podemos realizar as nosas vendas», constatando que la crisis del covid sí que les pasó factura al no haber ferias y mercados para exponer sus trabajos.

Encarecimiento de materiales

El problema estriba en el encarecimiento de los materiales, lo que preocupa mucho porque asegura que «pode levar a pechar moitos talleres como está sucedendo en Murano, en Italia, cuna da artesanía do vidro, porque se necesita moito gas propano, de osíxeno e os fornos, e coas subidas dos combustibles se está poñendo todo moi difícil», según le explicaron otros profesionales que han estado allí.

En su caso, no tiene queja de la época más dura de la pandemia, en la cual relata que prácticamente no paró de trabajar en su taller: «Sempre tes cousas que facer e eu tiña un encargo de producción de dedais para coleccionistas polo que tiña acopio do material e seguín creando todos os encargos que tiña», explica Esther, a la vez que expresa que tanto ella como otros profesionales artesanos esperan que el público recupere los hábitos de compra que había antes de 2020.

El ebanista José Manuel Prado diversificó su actividad con una línea de autor con artículos en madera que despacha en ferias sectoriales
El ebanista José Manuel Prado diversificó su actividad con una línea de autor con artículos en madera que despacha en ferias sectoriales PACO RODRÍGUEZ

La artesanía de un tornero de profesión y de vocación

Trompos, bolillos, fruteros, platos, bolígrafos... cada una de las piezas del taller de Prado son de diseño y fabricación propias

Natalia Noguerol

El taller de José Manuel Prado está abierto prácticamente a diario. Este vecino de la parroquia de Pantiñobre, en Arzúa, es más amigo de pasar la tarde del domingo en su lugar de trabajo que descansando a pierna suelta en el sofá. «Con dous millóns máis no banco tería máis tranquilidade e non traballaría como traballo, pero o oficio de todo non o ía deixar, porque fago o que me gusta», dice. José Manuel es tornero de profesión y de vocación. Y a ese oficio tradicional se dedica desde que con 17 años empezó a trabajar en una empresa de Ames en la que «facía de todo, aínda que a miña especialidade eran os torneados», explica. Aprendió, recuerda, «vendo traballar a un vello torneiro de Carballo, un artista», aunque en su evolución como artesano no menos crucial fue el empeño propio de un autodidacta que sigue utilizando para los acabados un torno manual que adquirió hace casi cuarenta años. «En toda peza que precise de torno para a súa elaboración, entro eu», remacha.

Más de una década transcurrió ya desde que este amiense de cuna y arzuano de adopción dejó la empresa para la que trabajaba en su municipio natal y se instaló con su familia en el lugar de Fondevila. El bajo de la vivienda «xa se deixou preparado para o taller», cuenta el hombre, que se inició como autónomo realizando, sobre todo, trabajos propios de carpintería, una actividad que, sin embargo, no tardó en diversificar, creando una línea propia de artesanía torneada que lo lleva a recorrer más de veinte ferias al año. «Fabricaba para outros artesáns, e foron eles quen me animaron», cuenta José Manuel, que diseña y fabrica cada una de las piezas de un amplio catálogo en el que sobresalen juegos tradicionales, como la carraca y el trompo —las variedades que tiene merecen capítulo aparte—; enseres de cocina, como fruteros, platos, y servilleteros; y otro tipo de utensilios, como plafones y bolillos.

En función de la pieza, utiliza una u otra madera. De haya, para utensilios de cocina; de raíz de carballo, para los bolígrafos; y de boj y olivo, para piezas pequeñas, como los palitos mieleros. Es un mundo el de la artesanía torneada que apasiona a José Manuel Prado, sin reparo en compartir tiempo y conocimientos con quien visita su taller, o hace lo propio en las ferias a las que también traslada su torno manual para demostraciones. No tiene queja de la acogida de su artesanía de autor, que, entiende, «pode resultar un luxo, e hai xente que non compra, pero valóraa, e as caras páganche máis cós cartos», cuenta con tanta satisfacción como la que percibe en el rostro de la gente cuando conoce su trabajo.

Prado compagina su faceta de artesano, con la de ebanista. «Hoxe vén todo prefabricado, pero quen quere un moble de calidade, ten que recorrer a quen o fai, e quedamos catro», sostiene el hombre, que atesora clientes desde hace cuarenta años. «Nos oficios, hai que traballar moitas horas», explica quién las cubre «feliz», y encontró en su mujer, Mercedes Veiga, la mano de obra que necesita para sacar adelante los encargos de restauración de muebles. Son, de unos seis años a esta parte, los que aportan la mayor carga de trabajo en el taller, en el que José Manuel se acerca a la jubilación —tiene 60 años— sin prisas, porque «fago o que me gusta, e teño saúde», dice.

Los hermanos García Souto, en las instalaciones de la fundición en Seira con el busto en bronce de su tío Eloy, ya fallecido
Los hermanos García Souto, en las instalaciones de la fundición en Seira con el busto en bronce de su tío Eloy, ya fallecido XOAN A. SOLER

Fundiciones Souto funde los metales como se hizo toda la vida

Su actividad es única en el sector en toda el área de Santiago

Uxía López

Entre los oficios artesanos del municipio de Rois, está una fundición de hierro y otros metales que es única en el área de Santiago. Fundiciones Souto está abierta desde hace más de 50 años en el lugar de Cruceiro de Seira y, en la actualidad, está regentada por los hermanos Carlos y Diego García Souto, de 44 y 42 años, respectivamente. Son la segunda generación de la familia que se dedica al oficio. Fueron sus tíos Eduardo y Eloy Souto los que empezaron el negocio, cuyos orígenes se remontan a una carpintería de madera pero que, con el tiempo, acabó reconvertida en una fundición de metales.

Fue a raíz de que Eduardo Souto se fuera a trabajar a Bilbao, donde aprendió el oficio de la fundición. En principio fundían piezas para otro negocio de Santiago pero, al cerrar este, le compraron el horno y empezaron a trabajar en Rois. En los primeros años de la fundición, las cocinas de hierro no eran el producto más demandado, como sucede ahora, junto con otro material de calefacción.

En los años en activo de los tíos, dos niños, los dos sobrinos, aprendieron el oficio. Ahora, Carlos y Diego García llevan más de 20 trabajando en la empresa familiar de la que, además, son titulares. «Estamos na fundición de toda a vida; cando non había escola ou ao vir dela, iamos case todos os días para alí, pero tamén porque nos gustaba», cuentan los hermanos. «Todos os nenos ían para o río e nós para a fundición», añade entre risas Carlos, que precisa que también había tiempo para disfrutar.

«Fundimos o ferro como o fundían nosos tíos», explica Diego García, en alusión al método tradicional. Ellos, simplemente, compraron un horno más grande, en el que funden hierro gris, en verano siempre de madrugada, y después trabajan el moldeo en arena.

La fundición está ahora en un momento clave para dar el salto a la modernización de sus instalaciones y, en la medida de lo posible, de la fabricación de material de calefacción (cocinas de hierro y fogones) y otros trabajos de fundición, incluidas estatuas de bronce y otros materiales. De este modo, está en reformas y con inversión continua, para incrementar la carta de productos y para mejorar, si es posible, los que ya ofrecen, según explican sus titulares.

«Non se pode quedar estancado; hai que buscar cousas novas», señala Diego García. Desde que los hermanos están al frente del negocio, nunca les ha faltado trabajo aunque ahora hay cierta incertidumbre por el tema de los precios de la materia prima, que lo encarece todo, señalan. De hierro se abastecen de una chatarrería e incluso de cocinas viejas que retiran y, aunque son un negocio único en el área de Santiago, funcionan más por el boca a boca que por publicidad, algo que quieren cambiar.

De la primera generación de la fundición, además de los conocimientos adquiridos, los hermanos tienen presente un hermoso busto en bronce de su tío Eloy, diseñado y realizado por Diego cuando aun vivía su familiar y que, cuando finalice la reforma, tendrá un lugar destacado en las instalaciones remodeladas.

Anxo Mosquera lleva veinticuatro años con su taller de carpintería artesanal en Negreira, donde realiza y restaura muebles. Este artesano ebanista lamenta que cada vez queden menos profesionales de la madera
Anxo Mosquera lleva veinticuatro años con su taller de carpintería artesanal en Negreira, donde realiza y restaura muebles. Este artesano ebanista lamenta que cada vez queden menos profesionales de la madera PACO RODRÍGUEZ

Anxo Mosquera: «Xa non hai ebanistas, agora hai montadores»

Este artesano sostiene que se perdieron las técnicas en carpintería de antaño porque todos los procesos se han industrializado

Emilio Forján

Este artesano ebanista, desde su taller en la avenida de Barcala, en Negreira, no solo restaura. También crea piezas artesanales propias a las que aplica nuevas ideas y conceptos para desarrollar estructuras complejas. Cuando se le ocurre una idea la plasma en bocetos o recursos como una vitrina nube. Y nunca rechaza los nudos en la madera. Anxo Mosquera Borrazás asume que su trayectoria profesional «foi derivando á especialización en restauración é réplicas, dentro dun reducto de artesáns que aínda conservamos o noso esmero pola creación en madeiras clásicas e ben tratadas», subraya. Su trabajo abarca todo tipo de mobiliario antiguo.

Anxo Mosquera lleva 24 años instalado con su taller artesano en Negreira y reconoce que la demanda por sus servicios siempre ha sido constante: «Grazas aos clientes que valoran os mobles antigos como un elemento moi decorativo, e tamén a negocios novos que apostan por este tipo de mobiliario como antigüedades A Cova, mantemos a demanda de traballo artesanal», aunque afirma que estamos en un momento en que se valora «a maridaxe, combinando pezas antigas con outras máis modernas», al tiempo que lamenta que cada vez queden menos profesionales de la madera: «Sempre se fixeron bos mobles con independencia das crises económicas, pero xa non hai ebanistas, agora hai montadores». Anxo sostiene que se perdieron las técnicas en carpintería de antaño porque todos los procesos se han industrializado, sustituyendo el oficio por máquinas. De hecho, afirma que no suele restaurar muebles modernos «salvo en circunstancias en que se poidan reparar, para o cal hainos que desfacer todos, salvo que leven materiais bos», señala este ebanista barcalés.

Mientras charlamos, Anxo, que actualmente se halla de baja médica, muestra en su teléfono un vídeo con la creación de sillas en 3D y lanza la siguiente reflexión: «Os mobles de agora van a ser cousas moi exclusivas nun futuro». Porque sostiene que restauración y conservación son iguales a reciclaje «e evita máis contaminación que coa creación de elementos novos», señala. Y se pregunta, cómo puede salir más rentable con todos los procesos que debe sufrir la madera para hacer un mueble moderno que con los métodos antiguos en que las creaciones tenían un mayor período de conservación que con los actuales.

Este artesano ebanista comenta que con el paso de los años, los que todavía desempeñan su oficio «subsistimos porque loitamos polas nosas ideas, pero desde que se entrou no sistema americano de comprar, me aburre e tiramos as cousas; aumentamos a contaminación», algo en lo que cree influye mucho la falta de «conciencia», asegura Anxo, de que no queremos algo que sea más caro y duradero en el tiempo. También pone el ejemplo de que en los ámbitos más urbanos existe otro tipo de conciencia sobre el valor que tiene restaurar y conservar muebles únicos que no tiene el mismo peso en los ámbitos más rurales o con una renta per cápita más baja.