La gran concentración de vehículos en el centro de la ciudad lleva aparejado otro problema no menos importante: las dificultades para aparcar. Además, ambos se retroalimentan, de tal modo que, cuanto más atasco se forma, más complicado es aparcar, y cuanto más complicado es aparcar, más atasco se forma. Este círculo vicioso trae de cabeza a los sufridos conductores, que, incapaces de estacionar su vehículo, deben esperar en interminables colas a la entrada de los párkings, obstaculizando más la circulación, o dar vueltas y vueltas hasta encontrar un sitio libre o un aparcamiento que no tenga colgado el cartel de completo.
Así, los alrededores de los párkings se convierten en un trajín de gente que va y viene, los unos porque no quieren acabar llegando tarde a donde sea que vayan, los otros porque ya vuelven con el retraso acumulado y porque, además, conviene darse prisa, no vaya a ser que el tráfico empeore. «Esto es tremendo, sobre todo a determinadas horas», es lo único que acierta a decir entre suspiros una mujer que ha conseguido aparcar en la Praza do Campo de San Clemente.
Allí al lado, en el párking subterráneo, tampoco andan mejor las cosas. «Hemos encontrado muchas dificultades para entrar en Santiago y para aparcar llevamos una hora. Ya no buscamos otro párking porque vimos que estaban todos a tope», comenta una pareja de turistas madrileños que viene de Sanxenxo. Aunque en su caso no haya sido así, a veces, como reza el dicho latino, la fortuna ayuda a los audaces. «Pensábamos que no podríamos aparcar, porque ponía que estaba completo, pero decidimos probar y justo salía uno casualmente. Hemos tenido suerte, porque sino creo que aún estaríamos dando vueltas», explican Pilar Albert y Alfredo Martínez, alicantinos. Eso sí, para llegar hasta aquí han atravesado las mismas dificultades que todo el mundo, porque «el tráfico estaba muy pesado y hemos encontrado mucho embotellamiento. Íbamos en caravana, parando, poquito a poco».
En el fragor de la dura batalla por las escasas plazas libres, quien tiene un sitio reservado tiene un tesoro. «Teño unha praza fixa no párking polo día, porque traballo na zona vella, así que deixo o coche aquí. Ademais este paréceme que é dos que mellor funcionan en Santiago, porque os outros son un caos no verán», comenta José Gil junto al párking La Salle. Matiza, sin embargo, que otros conductores encuentran más dificultades, puesto que «ás oito menos cuarto xa estaba practicamente cheo. Aínda que se vexan prazas libres, son as reservadas que teñen que manter».