«Estamos cerca de quedarnos sin trabajo»

lucía ortigueira piñeiro / i. c. SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

El comercio se ve perjudicado por las obras de Concheiros, que los vecinos también sufren

07 ago 2021 . Actualizado a las 01:30 h.

El Ayuntamiento de Santiago anunciaba hace tres días una prórroga a los trabajos de la rúa dos Concheiros, hasta el 12 de noviembre. Tras nueve meses de obras, aumenta el malestar de los vecinos y, sobre todo, la desesperación de los comerciantes. El estado de la zona no anima a los viandantes a adentrarse en la misma, y los peregrinos del Camino Francés, que antes accedían al casco monumental por allí, están siendo desviados por otras calles. El tráfico sigue limitado en sentido descendente. Todo ello repercute en la movilidad de la zona, que va en descenso. Para los negocios, los clientes escasean.

«Es una locura, me parece un abuso y una desorganización total», declara Ariel Queijas, dueño de café cervecería Tabacos. El aspecto que presenta la calle frente a su establecimiento, con «aceras» de tierra y demasiado estrechas, ha disuadido a los paseantes de tomar allí su café: «No facturamos ni la mitad. Hay gente del barrio que ni siquiera viene y nos dicen que es por las obras, que levantan mucho polvo y no son cómodas para nadie». Ariel se queja también de las ratas que han comenzando a aparecer y que corren entre las mesas que tiene dispuestas en la terraza. Actualmente trabaja él solo en el bar, tuvo que enviar al trabajador que tenía al ERTE. «Voy subsistiendo poco a poco, las obras no ayudan en nada y espero que acaben ya», dice.

En similar situación se encuentra Carina Santos, que trabaja en la tienda de nutrición y dietética Natur House. «Estamos a punto de quedarnos sin trabajo, facturamos al 50 %, esto no pasó ni siquiera con la pandemia», sentencia. A Carina le preocupa perder a parte de su clientela, porque en Santiago hay tres locales de Natur House y la gente va ahora a los otros dos: «Como mucho viene la gente del barrio, es que hasta los autobuses urbanos paran muy lejos». Antes tenían clientes ocasionales que generaban unas ventas mensuales de aproximadamente 2.000 euros, y ahora consiguen 300 o 200. «No sabemos lo que nos va a ocurrir en el día de mañana». También inquieto está Ángel Barreiro, que vende cupones a la entrada de San Pedro. Está preocupado porque nota la bajada de peregrinos y de vecinos por las calles.