Paula Couto: «Ahora los críos lo quieren todo, y lo quieren todo ya»

Nicolás Vázquez

SANTIAGO

CEDIDA

La entrenadora del Compañía de María ha vivido las diferentes etapas del baloncesto compostelano

01 ago 2021 . Actualizado a las 10:52 h.

Paula Couto es entrenadora de baloncesto en el Compañía de María desde hace casi tres décadas. Le viene de familia. Su padre, que arbitró y entrenó, y su tío, estuvieron entre los socios fundadores del Obradoiro. En su casa siempre se ha respirado un deporte que practicó desde los 8 hasta los 32 años (ahora tiene 46), cuando cambió definitivamente el balón por la pizarra. Veterana del baloncesto base compostelano, dirigió a numerosos equipos desde categorías inferiores hasta sénior, y ha vivido las diferentes etapas por las que pasó este deporte en la ciudad a lo largo de los años.

En Santiago, el baloncesto parece estar lejos de su época dorada, tanto a nivel económico como deportivo. Para Couto, esta transcurrió en sus primeros años de entrenadora, cuando los equipos femeninos de clubes como San Pelayo, Pío XII, o Cluny estaban en ligas importantes. Los dos últimos llegaron a jugar en Nacional y Autonómica.

También era un momento de prosperidad para las categorías inferiores: «Había mucho niño. Santa Isabel estaba lleno de ellos», recuerda. Han cambiado muchas cosas desde aquellos años: «El espíritu de sacrificio no es el mismo. Ahora los críos lo quieren todo, y lo quieren todo ya». Los métodos de trabajo se han tenido que adaptar a unos nuevos tiempos marcados por la inmediatez, por los videojuegos y por las redes sociales. «Ya no puedes hacer técnica individual durante mucho tiempo porque se aburren. Hay más nivel físico, pero menos técnica individual», señala.

En ese contexto, Couto opina que los entrenadores también han tenido que evolucionar, lo que no significa que «estén más preparados» que cuando ella empezó, pero sí que disponen de «más posibilidades para aprender con Internet», y «mucha más capacidad» para su formación.

Antes, el proceso era diferente: «Tenías un curso y el resto lo hemos aprendido viendo entrenar. Ibas a un pabellón, te sentabas y aprendías. Podías ver a Moncho, a Víctor… Era más directo», explica.

La entrenadora considera que «se están dejando de lado las ligas zonales», y que «la gente se cree que por llegar a liga gallega ya va a triunfar». Es un problema que viene de lejos, afectando a clubes como el Compañía, que compite principalmente a nivel local, con lo que tienen, y que provoca que unas ligas que hace unos años eran altamente competitivas estén perdiendo jugadores: «Las locales son poco competitivas porque los equipos que tienen nivel y dinero se van a gallega», lo que se complica aún más cuando se trata de los equipos femeninos: «Cada vez es más difícil enganchar a las niñas, que a veces buscan otras cosas. Hasta cadete van aguantando, pero en júnior, con las notas y los estudios les entra a todos el dejarlo». Couto opina que «entrenar viene muy bien para desconectar», pero que es complicado hacérselo ver a las jugadoras. La situación se ve afectada por los continuos desplantes que sufre el deporte femenino en general.

Pone el ejemplo de los partidos de preparación de las Olimpiadas de Tokio: «Ves que los partidos del masculino los retransmiten en Cuatro, y que el de las chicas lo echan en Teledeporte, y a veces cuando lo pones aún no han conectado. Es una falta de respeto», lamenta.

La entrenadora deposita sus esperanzas en que la situación del baloncesto compostelano mejore en el futuro. Tener equipos como el Obradoiro o el Rosalía femenino en categorías profesionales es «buenísimo» para una ciudad en la que siempre hubo afición por este deporte. Además, es esperable que la influencia de un equipo como el Rosalía, en Liga Femenina 2, y en el que juegan varias compostelanas, resulte positiva a medio y largo plazo. «Hay que tener paciencia», concluye.