Mazarelos

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

07 abr 2021 . Actualizado a las 23:09 h.

Andaba yo en otras faenas políticas cuando en Santiago se desarrolló aquella lucha -porque eso fue- para peatonalizar la almendra. Participé algo, poco. La incomprensión de los comerciantes, acostumbrados a una rutina de decenios, hizo salir a la calle a los sectores que tenían visión de futuro.

Hoy nadie niega que peatonalizar ha sido una auténtica inversión. Echando la vista atrás, tampoco hay que culpabilizar a aquellos comerciantes de mirada estrecha: era su educación, ¿cómo no iba el cliente a aparcar el coche a la puerta? Aseguraban que aquello iba a ser su ruina y que Santiago se hundiría por completo.

Sabemos que no ha sido así, pero la dinámica se repite en absolutamente todos los lugares de España cuando se intenta tomar una decisión similar. Pasa hasta en Sigüeiro, que entonces era una aldea minúscula y ahora una pujante localidad pequeña donde cada vez hay que aparcar más lejos (o sea, a cien metros del objetivo) y donde algún día alguien tendrá que plantearse peatonalizar alguna calle.