Castrón Douro


Hoy les tengo que escribir de Castrón Douro-Patio de Madres. Y no porque sea mi calle, sino porque me molesta lo que se ha hecho en ella, ahora que está a punto de ser reabierta totalmente tras ¡22 meses! de obras. Una calle del ámbito histórico (Plan Especial) y entrada del Camino de Santiago (Vía da Prata) en el centro monumental ha perdido su alma tradicional por la imposición de una modernidad mal entendida y ejecutada con materiales indignos de sus señas de identidad. Hormigonar las aceras no parece la mejor opción y casa mal con la piedra de los accesos a las viviendas y de la placita de Castrón Douro, donde se suprimieron los árboles, salvo dos, y con ellos el canto de los pájaros y la sombra, para acentuar un semblante duro, poco amable, que no atenúa el minimalismo verde que salpica unos cuantos rincones y que, como no se cuida, es una invitación a la acumulación de basura. Tampoco pegan las farolas de diseño moderno, que por la noche acentúan la dureza de la combinación de hormigón, asfalto y piedra con su manto de luz blanca, que ha sustituido a la tradicional ámbar también en las lámparas de fachada. En conjunto, la calle ha ganado -¡solo faltaría!- porque se han modernizado sus canalizaciones y servicios; porque ahora es semipeatonal, con un carril de bajada para el tráfico; y porque las casas son más accesibles, tras un trabajo complejo para dotarlas de rampas y escaleras. Sin embargo, las personas con movilidad reducida las pasarán canutas para subir el tramo superior de la rúa, al acentuarse la pendiente por rebajarla en el inferior, donde, por cierto, fueron tapados muy chapuceramente los cimientos de las casas que quedaron al descubierto. Una pena.

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