Confitados


Sesenta y siete días van ya y seguimos confinados (con concesiones, eso sí), aunque muchos no lo quieran asumir e intenten pasar capítulo a las bravas. Escuchaba hace unos días, paseando por Doutor Teixeiro, a una buena mujer de mediana edad que charlaba por teléfono mientras confesaba que ella en vez de confinada vive confitada. Ataviada con mallas y calzado deportivo, iba a paso acelerado, posiblemente tratando de compensar los excesos de las últimas semanas con la hora de paseo diario que se permite desde el 2 de mayo. Algunos tendrán que exprimir al máximo esos 60 minutos para recobrar la figura que tenían en la vida precovid. Por cierto, la pandemia mundial ha tenido tal alcance que ya hay quien distingue entre el antes del coronavirus (a. C.) y después del coronavirus (d. C.), en un juego de palabras que equipara el virus con la era cristiana.

Volviendo a la confitura. Tengo autorización para contar (aunque solo el pecado, no el pecador) cómo un conocido que se propuso no subir de kilos y pasar su confinamiento sin confitamiento, celebró la reapertura comercial del día 11 con una tarta de la Pastelería Míguez. Fue una forma de premiarse por la fuerza de voluntad que mantuvo durante el estado de alarma. Y a la fuerza de voluntad quería llegar. Habrán observado cómo la fiebre por el deporte ha bajado ya. No se han cumplido ni tres semanas desde que la gente se echó a los parques y pistas para estirar las piernas y ponerse de nuevo a tono físicamente. Pero el escenario ha cambiado notablemente respecto a esos primeros días. Gran parte ha tirado ya la toalla. Esperemos que sean más constantes ahora que toca hacer otros esfuerzos, como ponerse la mascarilla.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Confitados