Anarquía en torno al CHUS


Aparcar en el Clínico es ya más que una odisea. En ese recinto uno no solo se enfrenta a la carencia de espacio y al tráfico ocioso que da vueltas en busca de un hueco que pocas veces se consigue. Se enfrenta al caos directamente. Y con todo, pese a las maniobras que hay que afrontar con los seis sentidos por la merma de la calzada y el atolladero de giros engorrosos que provoca tal desorden, no son los conductores los más perjudicados. Ese ingrato honor se lo llevan los peatones, que, con todas sus limitaciones, han de convivir con ese caos. Porque si en algún lugar se concentra gente con problemas de movilidad u otras discapacidades (permanentes o puntuales), dependientes o con ocasionales molestias que languidecen el ánimo y la pisada, esos son los hospitales. Cualquier Administración pública ha de admitir que estas no son circunstancias que se salven recomendando el uso del transporte urbano. Ni del aparcamiento privado, cuando ya hay momentos en que es difícil encontrar una plaza en el párking subterráneo, y no porque el sentido común se haya impuesto en superficie. Arriba, el caos persiste. Y va a más. Salvo las aceras del frente de la entrada principal del hospital, prácticamente todas están ocupadas por vehículos. Y, las que no, acaban siendo una trampa para los peatones, porque al final estarán bloqueadas por otros vehículos. Así como los árboles no dejan ver el bosque, aquí los coches no dejan ver (o no se quiere ver) la cruel realidad de los peatones, expulsados del que debería ser su hábitat (las aceras) y obligados a moverse por el del tráfico rodado. Que el espacio es insuficiente, es evidente. Que urge una solución, también.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Anarquía en torno al CHUS