Visita relámpago

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro LA CLAVE

SANTIAGO

Cada mañana me cruzo con riadas de personas que se bajan de los autobuses en la dársena de Xoán XXIII y desfilan por San Francisco en dirección al Obradoiro. Todos van con un guía, que levanta un paraguas o un cartel para que nadie se pierda durante la visita. La primera parada suele ser ante la escultura de Asorey o la puerta de la Facultade de Medicina, donde les sueltan la primera explicación. Casi al trote llegan al Obradoiro, donde los grupos se reparten por toda la plaza para que las explicaciones de unos no interrumpan los comentarios de los otros. A partir de las ocho y media, la plaza comienza a llenarse, y hasta el mediodía entran y salen grupos del Obradoiro reconvertido en la atracción central de un parque temático. Un paseo a buen ritmo por Praterías, los soportales de la Rúa do Vilar, O Franco y A Raíña completa la visita a Santiago. Los más sobrados de tiempo recorren la Praza de Abastos, y hasta puede que tengan unos minutos para la foto junto al árbol de los enamorados de la Alameda. Este es el turismo que llena durante unas horas las calles y plazas de Compostela, pero que prácticamente no compra nada y tampoco consume en la hostelería de la ciudad. En sus comentarios, pillados al vuelo al cruzarme con ellos, escucho elogios de la Catedral y lamentos por tener que marcharse pronto. Estos grupos de excursionistas llegarán a sus lugares de origen y contarán a familiares y amigos que estuvieron en Santiago, donde había una Catedral muy bonita. La falta de iniciativas de promoción turística resta valor a un patrimonio, que ya quisieran para sí otras ciudades.