Figueiras, cuando el monte es «unha selva»

Xurxo Melchor
xurxo melchor SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

El fuego arrasó esta parroquia de Santiago en el 2006 y el 2013, pero los dueños de fincas con eucaliptos y pinos siguen sin cumplir la norma que obliga a separarlos 50 metros de las casas

14 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Figueiras no es una excepción, todo lo contrario. Esta parroquia compostelana es más bien un ejemplo perfecto del problema al que cada verano se enfrentan cientos de parroquias rurales en toda Galicia. Viven rodeados de monte en una estampa idílica que se transmuta en amenaza cuando el calor aprieta, la vegetación se seca y se convierte en un peligroso combustible que rodea a las casas porque los propietarios de las fincas con plantaciones de eucaliptos, pinos y acacias -las especies que más propagan el fuego- no cumplen con la ley que les obliga a talar todos aquellos que estén a menos de cincuenta metros de distancia de viviendas habitadas.

Esta misma semana, el Concello de Santiago ha limpiado las cunetas de todas las carreteras que dependen de la administración local en Figueiras. Cosa bien distinta son las muchas pistas forestales que hay en la parroquia y las áreas que rodean a muchas viviendas. «O monte aquí non é monte, é unha selva», describe gráficamente Xosé Quintáns, presidente de la asociación de vecinos de la parroquia, que lleva el nombre de Nova Xeira.

Para Quintáns, el problema fundamental es el abandono del medio rural. «O monte ten que ser un complemento económico para a xente que vive no rural, pero agora é imposible porque hai fincas moi pequenas, de catro metros de ancho e 150 de longo, e outras que os propietarios nin saben onde están», explica.

Su opinión alcanza fundamento en la aldea de Codesedas. Unos vecinos contemplan como el tractor del Concello roza las cunetas de las calles. Les parece bien, pero reclaman que hagan lo mismo en el monte. «Aquí estamos abandonados, pero os impostos ben que nolos cobran», se queja una señora. Otra que le acompaña explica que está en Figueiras de vacaciones porque ella vive en Buenos Aires (Argentina) con su marido. «El herdou unha finca e fomos buscala ao monte, mais non a atopamos», señala.

Ese mismo problema lo tienen muchos herederos. «Aquí antes toda a xente se coñecía e sabía onde estaban as fincas de todo o mundo, pero os seus herdeiros xa non viven aquí», afirma Quintáns. ¿Qué hacer? Para él, sería fundamental concluir de una vez por todas la concentración parcelaria, que lleva 27 años tramitándose. Este año, Figueiras llevó al Parlamento de Galicia una petición para que se concluyera el proceso que fue aprobada por todos los grupos políticos. Pero en la parroquia todo sigue igual. «Moitas fincas no monte, ademais, non teñen acceso, polo que en caso de lume a maquinaria e os bombeiros forestais non poderían pasar e só se poderían extinguir as lapas con medios aéreos», se lamenta el presidente de la asociación de vecinos.

Las cunetas de carreteras que ha limpiado el Concello son una buena medida, pero de poco servirán si Figueiras vuelve a arder este verano como ocurrió en el 2006 y en el 2013. En ese caso muy probablemente vuelvan a estar en peligro núcleos de población por la cercanía de plantaciones de eucaliptos y pinos a muchas de las casas. Como en muchas otras parroquias con problemas con el fuego, pocos son los propietarios que han cumplido con su obligación de talarlos.

La prueba de esa falta de voluntad es que la Xunta contaba con haber limpiado las aldeas prioritarias ya en junio y ha sido imposible porque ha costado que los dueños de fincas firmen los contratos de gestión de biomasa. En todas esas Figueiras que hay en Galicia solo acceden a cortar los árboles cercanos a las casas cuando les llega la carta advirtiéndoles de la infracción y de la posible multa. Entretanto, el monte gallego juega cada año a una ruleta mortal con el fuego.

Muchos dueños de fincas heredaron de familiares y ahora no saben ni dónde están sus terrenos

Cientos de casas están rodeadas de eucaliptales que solo se talan si hay amenaza de multa

LA AMENAZA incendiaria