Ana María Fernández Ruanova está vinculada a la hostelería desde la adolescencia. Con solo 16 años empezó a trabajar en el sector, y desde entonces fue camarera y también cocinera. «Hice de todo, hasta trabajé en una discoteca, en un bar o un restaurante», comenta. Ahora, con 30 años, decidió que ya era hora de convertirse en su propia jefa, y apostó por abrir su propio negocio, el Latexo.
Escogió para su aventura empresarial la calle Rosalía de Castro, porque es un «entorno conocido, en el que ya trabajé en varios locales, y conozco a la gente». El establecimiento elegido «no funcionaba bien, pero porque la persona que lo tenía no estaba dispuesta a introducir cambios, a adaptar la oferta a la demanda, y creo que ahí está la clave». Ana considera que la rúa Rosalía de Castro tiene «mucho movimiento de personas y los locales funcionan mejor en otras zonas del Ensanche».
En su lista de clientes no solo hay jóvenes universitarios, por la proximidad del campus, sino también «personas de mediana y de más edad; estoy teniendo la suerte de gustar a varias franjas de edad». Por su experiencia laboral, Ana buscó un local que se adaptara a sus posibilidades y, «como estuve trabajando en esta zona, también me conoce la gente», dice.
El bar Latexo abrió el pasado 12 de febrero, y «por ahora está funcionando mejor de lo esperado», pero «trabajo muchas horas». Para hacerse un hueco en el sector, la restauradora apostó por marcar la diferencia con el resto de los establecimientos de la zona. «Me centro en los desayunos y meriendas, y elaboro los bizcochos yo misma, de sabores; y tortitas, que es algo que no se ofrece mucho en la ciudad», explica Ana Fernández.
Esta joven empresaria está segura de que «la diferencia» es lo que puede determinar el éxito. Por ahora está sola en el negocio y se ocupa de todos los detalles, «desde la cocina al servicio. Todo yo, por ahora tiene que ser así».
El exceso de oferta del sector de la hostelería en Santiago no le asusta, y se muestra segura de que «si se hacen bien las cosas tienes más oportunidades».
Cuando llegue el verano y el Ensanche sufra las consecuencias de la pérdida de atractivo frente al casco histórico, Ana espera poder sacar provecho de su ubicación, en la entrada a la ciudad del Camino Portugués: «De los peregrinos que llegan, ya empieza a entrar alguno». Y solo está empezando la temporada.